
Dos caras de un mismo escudo
BALONCESTO
Hablar hoy del Casademont Zaragoza es hablar de dos mundos que conviven bajo el mismo nombre, pero que transmiten realidades totalmente distintas. El Príncipe Felipe pasa cada fin de semana de reunir más de 8.000 almas ilusionadas y que sienten una conexión emocional evidente cuando juega el equipo femenino a acoger a esas mismas personas con el masculino, pero instaladas en una preocupante situación de falta de rumbo e identidad.
Carlos Cantero y las 12 jugadoras que forman el roster femenino cayeron ante Valencia en las semifinales de la Copa de la Reina. No fue el mejor partido, es evidente, pero volvieron a convertirse en el principal motivo de orgullo de la ciudad, que espera con ansias acoger la Final Six de la Euroliga Femenina 2026. Un evento en el que el Casademont Zaragoza ha generado una expectación acorde a su rendimiento en pista y el vínculo que sus jugadoras han construido con la afición. Ellas no solo compiten como deben, por su talento y la unión que muestran en el parqué, sino que llevan años construyendo una identidad reconocible. La derrota solo se percibe como una tristeza colectiva de la que toca sobreponerse. Precisamente, ayer se cumplieron tres años del mayor hito histórico de la sección femenina en el club, la Copa de la Reina de 2023, ante 10.800 espectadores que ya intuían que Carlos Cantero, Mariona Ortiz, Vega Gimeno, Helena Oma y compañía estaban gestando algo más que ilusionante.
En el masculino, la temporada no está siendo la misma, desde luego. Lejos de los resultados, que pueden siempre ser mejores o peores, da la impresión de ser un conjunto que compite sin rumbo, con un escudo que parece más un peso que un motor. Se camina como un eco cansado. Ni Jesús Ramírez ha dado con la tecla ni parece que Joan Plaza lo vaya a hacer, aunque este ha sido claro tras el bochorno del equipo en Vitoria. "Si tengo que poner jugadores menos glamurosos, lo haré, aunque pueda acabar conmigo", sentenció sin pelos en la lengua. Normal, pues humillante fue la versión de los maños ante un Baskonia plagado de bajas. De 38 llegó a ir perdiendo el Casademont, que se quedó a un solo punto de igualar la mayor anotación en contra de su historia. Imperdonable la actitud de un equipo que, si no reacciona, está en camino de descender, lo que supondría un daño colateral muy cruel para una sección femenina que lleva años siendo el orgullo de la ciudad. La sensación de apatía, desidia y desconexión con Zaragoza en el equipo masculino es total.
Tal vez la lectura esté ahí. No en comparar resultados, sino en entender por qué un equipo moviliza a toda una ciudad y otro va camino de pasar casi desapercibido. Bajo el mismo nombre, en Zaragoza conviven dos historias que no laten al mismo ritmo, dos caras de un mismo escudo, una que va camino a Primera FEB y otra que ya es memoria viva de toda una ciudad que sueña con conquistar, en menos de dos semanas, el título de la Euroliga. Y, oye, ¿por qué no creer en ellas?