
Partido raro a más no poder
BETI ZUREKIN
Visto lo visto el pasado jueves en Glasgow habrá que convenir que el Rangers es mucho más rival de lo que en un principio parecía. Los escoceses dejaron patente ante el Athletic que se puede competir diez contra once. Renunciando, eso sí, a cruzar del medio del campo; pero haciéndose fuertes atrás hasta más no poder.
Un encuentro en el que desde prácticamente el saque de centro quedó claro que los leones no se encontraban a gusto sobre el terreno. No había consistencia en el equipo de Valverde. Ni defendiendo, ni atacando.
El árbitro asumió además el protagonismo que le quisieron atribuir desde el VAR. Expulsión muy rigurosa de uno de los centrales locales con apenas once minutos de encuentro. El técnico de los azules no se complicó la vida: pasó de defensa de cinco a otra de cuatro y punto.
La cosa no terminó ahí, puesto que en plena celebración de un gol de Berenguer, concedido en primera instancia por el colegiado, llegó otra llamadita desde el VAR. Gol anulado por fuera de juega del navarro y penalti por mano de un escocés. Del 0-1 al 0-0 en un abrir y cerrar de ojos, puesto que el futbolista del Athletic falló la pena máxima.
Tampoco terminó ahí el capítulo de parones, ya que minutos más tarde volvió a detenerse el juego durante muchos minutos. Esta vez para atender a un jugador del Rangers lesionado. De interrupción en interrupción.
Al Athletic, en definitiva, le costó competir contra un equipo atrincherado en torno a su propia área. Le faltaron ideas, precisión y acierto. Queda San Mamés.