Cuando el club/estado llora
Florentino Pérez ha decidido elevar a la FIFA el estado actual del arbitraje español, porque cree que los colegiados ya no le son propicios y no les regalan puntos, aunque eso no sea cierto. Dos ejemplos recientes lo avalan: el penalti ante Osasuna que le dio 3 puntos en lugar de uno, fue en realidad un pisotón de Mbappé a Juan Cruz y, en Anoeta, el segundo gol del Real vino precedido de una clara falta de Mbappé sobre el meta Remiro. Total, 4 puntos regalados. Y encima lloran.
Lo seguro es, sin embargo, que Pérez no informará a los responsables del fútbol mundial que su club está dopado en lo económico por las autoridades de turno, lo que sí es un agravio comparativo. A principios de siglo, la recalificación de la Ciudad Deportiva, que supuso construir cuatro torres con abusivos porcentajes de edificación, sacó al club de la bancarrota que habían dejado Ramón Mendoza y Lorenzo Sanz. Más de 500 millones de euros arreglaron el problema. Y no hablemos del pelotazo que, en paralelo, hubo en la zona conocida como Las Tablas.
Ahora, cuando el nuevo Bernabéu ha generado una deuda milmillonaria, por un presupuesto disparado, ya se ha anunciado la recalificación de unos terrenos agrícolas del Real, lindantes a Valdebebas, que pasarán a ser edificables a todo uso, gracias a la Comunidad, que se saltará plazos y permisos para sacar al Madrid del atolladero. Que el palco da para eso y mucho más. Si la FIFA vela por la equidad de trato de los clubs, tiene ahí un buen motivo de investigación, porque está comprobado que al club/estado por excelencia, además de los árbitros, los poderes públicos arreglan sus problemas.
