Esta vez, ni con un asado

Con nocturnidad y premeditación, pero sin alevosía, sino con todo el cariño hacia el club que marcó su vida, Leo Messi volvió a emocionar a los barcelonistas en su retorno clandestino al Spotify Camp Nou. Verle fotografiado en el césped, con el fondo de las nuevas graderías teñidas de luces azules y granas, ha sacudido los sentimientos de socios y seguidores, que fueron testigos durante 21 años de su encumbramiento como mejor jugador de la historia.

La patada que Laporta le propinó ha pasado a la historia del Barça como uno de los episodios más negros. La excusa de que su ficha era insoportable se ha demostrado que era mentira, porque desde el 5 de agosto, fecha de su despido, hasta el 31, día del cierre del mercado, había tiempo para negociar todo y más. A Leo le pilló por sorpresa la mala nueva, por radical en la forma e injustificable en el fondo. Merecía otro final, porque se siente, y es, patrimonio del Barça, lo que demostró una vez más por las sentidas palabras que acompañaron su furtivo retorno. Su salida fue la primera dilapidación de patrimonio en los últimos cuatro años de Laporta, en los que ha arruinado el club, como demuestran las espeluznantes cifras auditadas: 2.083 millones de euros de Pasivo, Fondo de Maniobra negativo por 266 y Patrimonio Neto negativo por 153, con los números del Espai Barça aparte.

La decisión de Messi de visitar un Camp Nou en obras sin tener que soportar hipocresías ha sido una gran noticia, porque renovó su deseo de volver y, aunque no señaló con quién, no es difícil barruntar que alguien está descartado de antemano. Por cuestión de dignidad, esta vez ni con un asado.

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