El sueño de la Champions

El Barça está completando, hasta el momento, una muy buena temporada. Ganó la Supercopa, agudizando la crisis del Real Madrid que sigue naufragando, y está cumpliendo con su objetivo de luchar por el resto de títulos importantes de la temporada. La clave es la buena gestión de Flick y la ambición y el compromiso de un vestuario muy sano. El entrenador ha atajado cualquier atisbo de exceso de ego, como hizo después del empate en Vallecas. Al mínimo síntoma de relajación, se apresura a recordar que ningún jugador está por encima del interés de un equipo, cuyo juego es tan arriesgado, que si alguno se abandona en la presión o en tareas defensivas el invento deja de funcionar. Y no le tiembla el pulso para sentar a alguna vaca sagrada, como Lewandoski. O prescindir de futbolistas de peso, como Ter Stegen. Encuentra soluciones rápidas, moviendo atinadamente las piezas, como situar a Gerard Martín de central o Eric Garcia de mediocentro. Y los jugadores responden.

Estarán más o menos acertados, pero se lo dejan todo. En un club con la grandeza del Barça, siempre hay que exigir más. No nos engañemos, la gran asignatura pendiente, la “urgencia histórica” que detectó Menotti, es conquistar la Champions 11 años después. El triplete es posible y no hay que tirar ningún título, pero habría que dosificar los esfuerzos con precisión para que el mejor equipo posible llegara pletórico a las eliminatorias europeas en las que no hay margen de error. Y aprender a ser competitivo para que, incluso, el día que no acompañe la suerte, como mínimo, no perder, como en Anoeta.

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