
La finura de Flick
Hansi Flick envía dardos envenenados con guante de seda. Le preguntaron qué le parecía haber llegado a semis de la Copa sin haber jugado ante un Primera y respondió que igual que el Madrid. Y luego dejó caer que los entrenadores deben medir sus palabras sobre los jugadores de otros equipos cuando se hablaba de Araujo, seguramente en referencia al documental de Luis Enrique, en el que dijo que el central blaugrana no acostumbraba a subir la pelota.
Está fino. Posee un tono contagioso de tipo normal, capaz de haber sido al mismo tiempo el pillo de la clase y el niño bueno. Es difícil encontrarle declaraciones incendiarias, pero su discurso interno es firme. Lo saben en la directiva y en el vestuario. Sabe conducir el grupo y no acostumbra a buscar excusas públicamente. El Camp Nou ya ha coreado su nombre.
Le duelen dos bajas muy importantes para el partido ante el Atlético. El Barça no podrá contar con Raphinha ni con Rashford, la doble R más en forma en los últimos tiempos. El Barça tiene recursos en plantilla, pero es evidente que cuando la trilogía clave sufre dos bajas se nota. Sin el brasileño ni Pedri solo queda Lamine de los tres jugadores básicos en un gran conjunto. El Barça deberá tirar de tono colectivo, poner el equipo al servicio y mantener la intensidad todo el encuentro.
El Atlético es un magnífico rival. Un sensacional bloque que ha sabido reforzarse en este mercado de invierno (tiene al bueno de Mateu Alemany como fichador) pero en ocasiones peca de irregular. Le falta consolidarse. Tiene puntos álgidos en los que Lookman, la nueva incorporación, parece de otra galaxia hace seis días ante el Betis y mantiene un perfil bajo hace tres días frente al mismo Betis. Para los de Simeone, la Copa es uno de los objetivos claros de la temporada y van a pelear por ella. Al igual que el derbi vasco es una semifinal de lujo, con cuatro equipos en alza, muy competitivos y con ganas de llegar a una final que será apasionante. En esta Copa no están todos, pero los que están son todos grandes.