
Fe ante las curvas
Sel Newcastle está ahí, no es por casualidad. Está porque compite, porque lucha cada balón como si fuera el último y porque te la puede jugar en cualquier despiste. Es un equipo que exige concentración máxima, que no te regala nada y que, si bajas un segundo la guardia, te castiga. Por eso digo que ahora no hay margen para la relajación: hay que seguir sumando. Todo se puede ganar, pero nada se gana sin pelearlo. A partir de ahora nadie te va a poner la alfombra roja. Quedan equipos grandes, duros, trabajados. No son peritas en dulce. Son conjuntos que te obligan a arremangarte, a competir de verdad, a demostrar carácter. Y el Barça, que nadie lo dude, tampoco se queda cojo. Tiene plantilla, tiene talento y tiene orgullo. Pero eso hay que demostrarlo en el césped, no en los nombres.
El equipo debe pensar en cada momento lo que toca. Primero el Villarreal, y ya pensaremos en el martes. Y dentro de una semana, en la Champions. Pero hoy no podemos estar preocupados por lo que pueda pasar dentro de un mes. El fútbol no espera a nadie y el calendario no perdona. Paso a paso. Esa es la única receta que funciona cuando llegan las curvas. De cara al Atlético, yo tengo fe. Y no lo digo por decir. Tanta fe tengo que voy a ir al partido. Porque creo en este equipo y porque el culé ya ha vivido noches grandes, remontadas imposibles que parecían fuera del alcance. Si el equipo se lo cree, si sale convencido y aprieta desde el primer minuto, hay que marcar pronto, meter miedo, que el rival sienta que está en territorio hostil. Los primeros diez minutos pueden marcar un estado de ánimo.