45 años del secuestro de Quini
FC BARCELONA
El 1 de marzo de 1981, tras marcar dos goles en un Barça-Hércules, el delantero azulgrana fue raptado y trasladado a un zulo en Zaragoza durante 25 angustiosos días, hasta ser liberado mientras se jugaba un Inglaterra-España en Wembley


- Xavier Muñoz
Periodista
Del 1 de marzo al 25 de marzo de 1981 el fútbol y la sociedad en general vivió pendiente del secuestro de uno de los mejores goleadores españoles de todos los tiempos, Enrique Castro 'Quini'. Se cumplen, por tanto, 45 años de la angustiosa experiencia que le tocó vivir al 'Brujo' a partir de aquel mismo domingo en el que, con dos tantos, había contribuido a golear en el Camp Nou al Hércules con un 6-0 que hacía soñar a los culés con la conquista de la Liga, siete años después de la del 0-5.
Apenas había pasado una semana desde el intento fallido de golpe de Estado del 23-F y el terrorismo de ETA y GRAPO estaba a la orden del día, pero el impacto social del secuestro de un futbolista tan querido como Quini impresionó. Por entonces, el delantero asturiano contaba ya con 31 años, había conquistado tres de sus cinco trofeos Pichichi como máximo goleador de Primera y el verano anterior había cambiado el club de su vida, el Sporting, por el Barça.
Aquel 1 de marzo de 1981, después de haber abandonado ya el Camp Nou, Quini fue encañonado por tres individuos que le introdujeron en un coche y luego en una furgoneta, antes de ser trasladado hasta un zulo situado en el subterráneo de un taller de la calle Jerónimo Vicente de Zaragoza, información que lógicamente sólo se supo tras la liberación del deportista. Mari Nieves, esposa del goleador, se inquietó al no ver a su marido en el aeropuerto de El Prat, donde debía ir a recogerla, ni tampoco en su casa, así que el club ya supo ese mismo día que Quini estaba en paradero desconocido. El defensa José Ramón Alexanko, amigo de Quini y muy presente en las jornadas posteriores, el presidente Josep Lluís Núñez y el vicepresidente Joan Gaspart se personaron en casa del futbolista. Tras una serie de pistas falsas, los auténticos raptores exigieron telefónicamente un rescate de 100 millones de pesetas (hoy, 600.000 euros).
La presencia de aficionados y periodistas cerca del domicilio del futbolista, próximo al Camp Nou, marcaron los días ulteriores. La preocupación ciudadana fue muy visible. Mientras, en algo que casi medio siglo después puede llegar a sorprender a las generaciones posteriores, nada paralizó la maquinaria del fútbol español. El equipo azulgrana, entrenado por Helenio Herrera, estaba en gran momento, a sólo dos puntos del líder, el Atlético, con el que se enfrentaba el domingo 8 de marzo. Hubo runrún de suspensión, incluso el crack culé, Bernd Schuster, amenazó con no jugar. “Además de piernas, tengo corazón”, dijo. La Federación hizo oídos sordos y el Atlético-Barça se disputó en el Vicente Calderón. Hubo una mínima concesión simbólica: el Barça pudo jugar sin el 9 y ‘Keegan’ Ramírez fue titular vistiendo el 14, un hecho sin precedentes: por entonces, las alineaciones aún iban del 1 al 11. Perdió el Barça 1-0. A esa derrota se sumó otra en Salamanca (2-1) y un empate (0-0) ante el Zaragoza en el Camp Nou. Adiós a una Liga que acabó ganando la Real Sociedad.
Con todo, lógicamente, lo único que importaba ya era la suerte que podía haber corrido Quini. Por eso, cuando hacia las diez de la noche del 25 de marzo de 1981 las radios que retransmitían en directo el amistoso entre las selecciones de Inglaterra y España en el viejo Wembley gritaron "¡Han liberado a Quini! ¡Han liberado a Quini!!”, la feliz noticia relegó al día siguiente en las portadas todo, incluido el triunfo de ‘La Roja’, a la que por entonces aún nadie la conocía así. Incluso La Gazzetta dello Sport llevó a primera plana la buena nueva.
Lo importante era el regreso a casa de Quini. El hecho de que los secuestradores, dos mecánicos y un electricista, no fueran delincuentes habituales fue una clave fundamental. Con el vicepresidente culé Nicolau Casaus en Ginebra supervisando la operación, el cobro de la cantidad pactada en una cuenta del ‘Credite Suisse’ por uno de los secuestradores, del que enseguida se conoció el nombre a causa del levantamiento del secreto bancario acordado entre las policías española y suiza, llevó hasta el zulo zaragozano de 3,5x2,5 metros donde sobrevivió Quini a base de bocadillos comprados por los raptores en el bar de enfrente.
Al ser liberado, Quini definió a sus captores como “buena gente”. Les cayeron 10 años. Mucho tiempo después, incluso se reunió con uno de ellos. “Aquí tienes mi teléfono”, le dijo. Tras 25 días secuestrado, Quini acabó ganando el Pichichi aquella misma temporada con 20 goles. Además, conquistó la final de Copa para el Barça ante su Sporting marcando dos goles, 85 días después de su liberación. Por algo era ‘El Brujo’. Para entender la dimensión de Quini como icono del fútbol asturiano baste recordar que con su prematura muerte en 2018 a los 68 años de edad, El Molinón, su Molinón, se llenó para dedicarle el último adiós con un homenaje póstumo con su grito mítico, aquel "¡ahora, Quini, ahora!" con que le animaban a seguir marcando goles sin parar. Fue un 28 de febrero, un día antes de que se cumplieran 37 años de su secuestro.