Centímetro a centímetro
HABLEMOS DE FÚTBOL
Gerard Martín empezó dando descanso a Balde como lateral, siguió con una notable respuesta en grandes escenarios cuando le tocó y está culminando su ruta con su reconversión en central zurdo con muy buena nota


- Ricard Torquemada
Periodista
No hay crecimiento más seguro que el pausado, aquel que consolida el conocimiento para irlo enriqueciendo. Es poco atractivo porque no promueve algo especial, pero es muy fiable porque no engaña a nadie. Sus representantes, como Gerard Martín, acostumbran a acompañar su desarrollo del uso de la inteligencia. Son esponjas que saben sus puntos fuertes y están permanentemente atentos a todas aquellas asignaturas que deben mejorar para seguir creciendo. Como no impresionan a primera vista, necesitan un técnico como Flick. Alguien que valore su fiabilidad y apueste por su mejora centímetro a centímetro.
Es relativamente fácil enamorarse de Cubarsí, Marc Bernal o Lamine Yamal. No tanto que te seduzca la formalidad de Gerard Martín. Empezó dando descanso a Balde como lateral, siguió con una notable respuesta en grandes escenarios cuando le tocó y está culminando su ruta con su reconversión en central zurdo con muy buena nota. Se equivoca poco porque cuida mucho el riesgo. Es responsable defensivamente, contundente en la emergencia y comprometido con balón. Es decir, prefiere soluciones sencillas sin rechazar maniobras de dificultad si son las más adecuadas.
Aunque no es su especialidad, acepta la responsabilidad de filtrar un balón interior cuando conviene o hacer un cambio de orientación largo en diagonal, como hizo contra el Newcastle, para invitar a Lamine Yamal al uno contra uno con espacio. Su condición de zurdo lo permite y el equipo lo agradece, al estilo Íñigo Martínez, aunque no lo había incluido todavía en su manual por prudencia. Es muy valioso en el balón parado por su excelente juego aéreo. En defensa ya asume roles estructurales como el de libre en el área pequeña o el de marcador de uno de los dos peligros rivales, mientras que en ataque regaló en bandeja a Marc Bernal un gol, superando la tentación de rematar directamente porque no tenía la mejor posición.
Flick sabe que es la solución ideal para cualquier problema atrás. No conocemos cuál es su techo, pero seguro que es mucho más alto de lo que habíamos imaginado a simple vista. Su crecimiento es imparable, aunque no tenga tanto impacto. Vende más la explosión, pero la progresión sostenida es más estable.
El sueño roto del Círculo Polar
Ha sido la gran atracción de esta Champions. En una competición de ricos, siempre es agradable encontrar a un infiltrado con ganas de revolución. Es el caso del Bodo/Glimt, que como la Cenicienta, vio en Lisboa como la carroza se convertía en calabaza. Eso sí, queda su estilo alegre, combinativo y descarado que rompía con el tópico del fútbol directo noruego por influencia del histórico Rosenborg. Hauge ha demostrado su talento para el último tercio de campo, Berg ha exhibido su dirección de juego ordenada como medio centro y Evjen ha impresionado por su improvisación delicada para iluminar el juego. Veremos si el arquitecto de la obra desde el banquillo, Knutsen, prueba una nueva aventura tras ocho años o da continuidad a la ilusión de un proyecto orgulloso. Gracias por el viaje.