Diez años sin Johan

El martes, 24 de marzo, se cumplirán 10 años de la muerte de Johan Cruyff a causa de un cáncer de pulmón. Célebre es aquel anuncio, ideado por Lluís Bassat, en el que el propio Cruyff hacía malabares con un paquete de tabaco como si fuera un balón, para acabar chutándolo con fuerza y de este modo lo expulsaba con contundencia: "El fútbol me lo ha dado todo en la vida, en cambio fumar casi que me lo quita".

El propio Cruyff dijo lo de “en cierto modo, soy inmortal” y su actuación, no exenta de polémicas, como de forma muy importante su legado le han dado esa categoría de inmortal que él ya intuía en vida.

Cruyff tuvo dos equipos fundamentales en su vida, el Ajax y el Barça.

Cuando se habla del ADN Barça es obligatorio hacer referencia al legado de Johan Cruyff, entre otros muchos, pero a su legado de manera especial.

Una de las virtudes importantes de Johan era su coherencia, convertida a menudo en tozudez, lo que le comportó más de un conflicto. Pero esta forma de ser, le hizo sintonizar con Catalunya, cuando el país y el Barça más lo necesitaban.

Seguro que el Cruyff entrenador será recordado por sus logros y, sobre todo, por su filosofía, por su visión del juego, por haber sido capaz de trasladar su inteligencia futbolística, para mí la principal virtud y característica del Cruyff jugador, al terreno de juego a través de sus jugadores.

La leyenda que se puede leer al abrir el web del mundo de Johan Cruyff dice así: "Es como todo en el fútbol, y en la vida. Hay que mirar, pensar, moverse, encontrar espacio, ayudar a los demás. Al final, es muy sencillo". Y sí, es sencillo si existe voluntad de hacerlo. Johan la tenía.

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