
Último mandato ilusionante
Después de arrasar en las urnas a su candidato opositor, con más de las dos terceras parte de los votos, Joan Laporta tiene por delante un cuarto y último mandato, más que ilusionante. El voto mayoritario del ‘soci’ tuvo presente la valentía, en tiempos de escasos recursos económicos, para hacer frente a una situación límite, que amenazaba a la ruina. Así como el éxito en la parcela deportiva con la elección de Hansi Flick para dirigir la nave del primer equipo, donde Jan volvió a mostrar su buena intuición a la hora de elegir entrenador, tal como había demostrado con Frank Rijkaard y Pep Guardiola. El liderazgo del alemán, junto a la formación de un equipo repleto de jóvenes talentos con el sello inconfundible de La Masia, hacen que el barcelonismo rebose dosis de alegría y más con las efusivas celebraciones de su presidente en sus desmedidas celebraciones, hasta altas horas, en su victoria en las urnas.
La culminación del mastodóntico proyecto de la construcción del nuevo Camp Nou, cuya culminación se estima dentro del año 2028, es el gran reto de este próximo mandato, al que Laporta y su junta accederán a partir del 1 julio, tras una discreta transición institucional de Rafa Yuste, el presidente provisional que ha sabido liderar sin aspavientos y con el menor ruido posible. En una tarea que no resultó ser fácil por la crispación que se fue generando a medida que avanzaba la campaña, en la que hubo un antes y un después a partir de la publicación de La Vanguardia de la entrevista con Xavi Hernández y por la que Alejandro Echevarría pasó a estar en el centro de la diana de las críticas del relato de los anti Laporta.
He de reconocer que conozco a Echevarría desde hace un montón de años y que discrepo de su ideología franquista, tan distante de la que defiende su cuñado. Pero al mismo tiempo es de justicia reconocer su labor impecable en el vestuario del Barça, donde se ha convertido en un personaje indispensable. Dentro de la toxicidad que se respira en las redes sociales, circuló un video despiadado donde se ponía en tela de juicio el pasado político de la exfamilia política del presidente del Barça. Fue un golpe bajo que no se corresponde con el talante moderado de Víctor Font, pero que dolió especialmente a Alejandro porque atacaba cobardemente a la figura de su padre, fallecido recientemente a la edad de 102 años y a su madre, en delicado estado de salud.
No todo vale para hacer realidad un sueño tan anhelado, como ser presidente del Barça, pero habrá que esperar que el rotundo resultado de las urnas y la ilusión que generan en la rejuvenecida masa social barcelonista, alejen la posibilidad de cualquier atisbo de fractura entre una afición que vuelve a vibrar como nunca en un Camp Nou, en el que esta temporada suma todos los partidos por victorias.
Así, que no decaiga la fiesta, con macarrones sabrosos, música de mariachis y la marcha indiscutible de Laporta, que aspira a ser reconocido al final de este último mandato como el mejor presidente del Barça de la historia.