"El único al que temen"
Los parones de LaLiga para que juegue la selección siempre me han parecido un aburrimiento. Hasta ahora. El FC Barcelona, el barcelonismo en su conjunto, necesitaba detenerse. Demasiadas semanas con demasiadas cosas… un agobio. Un partido cada cuatro días durante tantas semanas más unas elecciones fue demasiado. Una maratón… el Athletic, el Newcastle, el Sevilla, de nuevo el Newcastle y, finalmente, el Rayo, que por poco saca petróleo de esta saturación. Y no solo eran los jugadores los que parecían cansados; los propios aficionados necesitaban un respiro.
El Barça debería encarar este final de temporada con tranquilidad, no con la urgencia de las últimas semanas. Si gana, gana; y si pierde, pierde. El equipo ha demostrado sus capacidades aun con muchos lesionados. Si recupera a alguno de ellos, será un plus con el que afrontar los partidos decisivos.
Mirando el calendario, es evidente que los tres encuentros que tiene que jugar contra el Atlético de Madrid son cruciales. El primero, el día 4 de abril, en el Calderón, es decisivo para la Liga; y los dos siguientes, el 8 y el 14, correspondientes a los cuartos de final de la Champions, son partidos para la historia. Y la historia me retrotrae a las temporadas 2013-2014 y 2015-2016, cuando el equipo se enfrentó en cuartos de final al Atlético. Los colchoneros ganaron en ambas ocasiones al Barça de Leo Messi. Recuerdo que durante el sorteo de 2014 yo estaba en la antesala del vestuario del primer equipo. Cuando salió el nombre del Atlético de Madrid, hubo un runrún en el vestuario azulgrana. Un asistente del primer equipo me lo explicó: “El Atlético es el único al que temen, el único”.
Dos años después volvió a ocurrir lo mismo: Atlético en cuartos de Champions. Yo estaba entonces en Buenos Aires y coincidí en el vestíbulo de un hotel con Simeone. Le dije cómo veía la eliminatoria y me respondió con optimismo: “Le sabemos jugar al Barça”.
Al día siguiente de encontrarme con el ‘Cholo’, yo estaba visitando el campo de Boca Juniors cuando me llegó la noticia de que Johan Cruyff había fallecido. Hace de aquello diez años exactos. Siempre tuve una debilidad por Johan. Como aficionado marcó mi vida futbolística y, como periodista, pude ver su última temporada y su adiós. Johan. Mi primera clave en un ordenador personal en un diario, en El País, era usuario Monty… password Cruyff.
El día que murió Johan me vinieron a la memoria muchas imágenes del astro holandés: su número 14, sus dos rayas en la camiseta naranja, sus collares, su desparpajo, sus pases con el exterior del pie, el 0-5 y el gol al Atlético. Aquel tanto del holandés volador desgarró a aquel equipo con una de las defensas más duras que recuerdo. Es aquel gol, la personalidad de Johan y su desparpajo lo que debe guiar al Barça de Hansi Flick en estos tres partidos ante el Atlético. Una triple victoria les aclararía la Liga y les colocaría en el grupo de los cuatro mejores equipos del continente por segunda vez en dos años.
Pero lo que nadie discute es que, cuando el Barça juega el balón, es el mejor equipo del mundo. Y Johan tiene mucho que ver en ello. Él plantó la semilla de jugar para disfrutar, y eso se le nota al Barça. Este Barça se juega mucho más que una eliminatoria europea. Se juega ser fiel a lo que es. Y en ese camino, como siempre, la sombra del 14 sigue marcando la dirección. Pase lo que pase.
