Entender Europa

"Sabemos cómo jugarle al Barça”. La frase del Cholo Simeone en 2014 no solo sigue vigente: define el problema. Volvió a resonar tras el 0-2 del Atlético de Madrid al Barcelona en el Camp Nou, en Champions. Y, después del frustrante 1-2 en el Metropolitano, el argentino insistió: “Al Barça hay que jugarle atacando. Atacando”.

Y así fue. El Atlético volvió a encontrar lo que otros ya habían visto antes: un equipo vulnerable cuando le corren. El ataque rojiblanco fue, como casi siempre, punzante y decisivo. Hansi Flick insiste en sostener una delantera adelantada que rompe al equipo en dos y convierte cada pérdida en una ocasión rival. En la Champions, eso no es una apuesta: es una condena.

Europa. Once años sin alcanzar una final no son una anomalía, son un síntoma. El Barça puede seguir defendiendo una idea reconocible, incluso atractiva, pero en cuanto pisa escenarios europeos exigentes, se repite el mismo patrón. No es mala suerte. Es incapacidad para competir en un contexto distinto al doméstico. Y todo ello, además, acompañado por una desconexión evidente con la propia competición, simbolizada en la pitada constante al himno.

Si miramos atrás, el recorrido es inequívoco. Atlético de Madrid, Roma, Liverpool, Bayern (2-8), Paris Saint-Germain, las caídas en fase de grupos en 2021 y 2023, PSG de nuevo, Inter. No son accidentes aislados, sino capítulos de una misma historia: cuando el nivel sube, el Barça cae.

A ello se le han querido añadir explicaciones externas, como los arbitrajes, pero el problema es más profundo. No se trata de decisiones puntuales, sino de una fragilidad estructural que se repite año tras año. Mientras el equipo no corrija eso, todo lo demás será ruido.

Y es ahí donde el círculo se cierra. Simeone lo explicó hace más de una década y el tiempo le ha dado la razón. Al Barça no se le gana resistiendo, sino atacándole. Y mientras no entienda que en Europa no basta con proponerse, sino que hay que sostenerse, seguirá repitiendo la misma caída una y otra vez.

Porque si algo han dejado claro estos últimos años es que los dos grandes del fútbol español ya no dominan Europa. Y si el Barça arrastra un problema de identidad competitiva, el Real Madrid empieza a evidenciar uno de dirección.

Su eliminación de la Champions, tras dos derrotas ante el Bayern, le deja de nuevo sin opción a títulos, algo difícil de imaginar en un club presidido por Florentino Pérez. ¿Quién habría pensado que, con Kylian Mbappé en la plantilla, no ganarían nada en sus dos primeras temporadas?

El francés ha sumado goles y protagonismo, pero ni siquiera eso ha evitado que el equipo blanco se instale en una crisis que va más allá del banquillo. El problema no es solo el entrenador, sino la gestión y el liderazgo. Y Florentino Pérez empieza a situarse en el centro del debate.

En ese contexto, el nombre de Jürgen Klopp emerge como una posible solución de impacto. Su llegada al Bernabéu alteraría el panorama, pero también evidenciaría hasta qué punto el proyecto actual ha llegado a un punto de ruptura.

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