Subdirector

Una situación para aprender

La temporada con el Barça se ha acabado para Lamine. A sus 18 años, es la primera lesión importante que padece aparte de la tan comentada pubalgia que le afectó en el primer tramo de la campaña. Aunque sea una desgracia para los culés y para Flick, todo forma parte del proceso de crecimiento del joven delantero. Porque hasta ahora, a nivel muscular parecía irrompible. Pese a protagonizar conducciones vertiginosas, taconazos de lujo, caños de fantasía, pases con el exterior que dejan con la boca abierta y golazos de crack mundial, sus músculos apenas habían fallado. Los arranques y frenazos parecían no afectarle, como los giros en un palmo para eliminar a un rival tras otro. Ni siquiera jugar muchos minutos parecía pasarle factura. Ahora hay que parar, analizar y reflexionar para volver más fuerte y también más sabio, sacando conclusiones de todo tipo, también sobre lo que más conviene a un cuerpo privilegiado pero no biónico.

También es la hora de que el equipo aprenda. Lo que queda de temporada es una prueba de resistencia sin el mejor. Flick tiene argumentos de sobra en la plantilla para rematar la Liga con 9 puntos de ventaja a falta de 6 jornadas. Pero ya no tendrá el comodín Lamine. Lo de dar pelotas al crack para que se vaya de tres se acabó. De entrada llegan partidos incómodos contra Getafe, Osasuna y, si aún hay Liga, Madrid. Otros deben tirar del carro y el equipo tendrá que generar peligro con otros registros. Queda poco pero sin Lamine será más duro. Al menos, De Jong ha vuelto con brío. Y volverá Raphinha, que también debe haber aprendido.

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