El declive del Chelsea
FRIDAY PREMIER
La larga crisis con Liam Rosenior, destituido el miércoles, condena a los ‘blues’ de Londres a pelearse con Brighton, Brentford, Bournemouth, Everton y Sunderland por un puesto europeo


- Xavier Hoste
Periodista
A los seis minutos del partido que el Chelsea disputó en la noche del martes en Brighton, los cientos de seguidores desplazados a la costa sur inglesa empezaron a corear su canción favorita del momento de crisis que vive el club: ‘We want our Chelsea back' (‘Queremos que vuelva nuestro Chelsea’). Las protestas del grupo de seguidores, en una esquina del Amex Stadium de Brighton, siguieron escuchándose mientras caían los goles de su rival, y también contra Behdad Eghbali y Todd Boehly, los dos copropietarios del consorcio BlueCo, a los que culpan de la deriva del club londinense, uno de los seis grandes de la liga inglesa. Las quejas han sido una constante y el cruel 3-0 final, tras un pésimo partido de los ‘blues’, no solo agravó las protestas, sino que la única salida de los dirigentes para calmar los ánimos ha sido destituir inmediatamente al técnico inglés Liam Rosenior, pese a sus seis años y medio de contrato.
La falta de autoridad y conexión con la plantilla del joven técnico inglés ha acabado por llevarse por delante la que era una clara apuesta de futuro. Los dirigentes del Chelsea tratan ahora de salvar la temporada y Calum McFarlane, técnico asistente del club y formador en su academia de Cobham, asumirá el cargo de entrenador principal de forma interina, tras haberlo hecho ya cuando la directiva acordó el primer despido, el del italiano Enzo Maresca. Esta segunda destitución, la de Rosenior, llegado al oeste de Londres desde el Estrasburgo, el equipo filial del holding de BlueCo, quedó prácticamente escrita cuando se enfrentó a los jugadores con unas explosivas declaraciones, al término del partido de Brighton. En ellas echó la culpa directamente a sus futbolistas por su desidia en los duelos físicos y su falta de coraje.
Rosenior vino a enseñar abiertamente una fractura con algunos jugadores del vestuario y la situación, pese al largo contrato firmado por el técnico ingles, ya no tenía fácil solución. No podía ser permitida. Tras el 3-0 de Brighton, Rosenior no quiso contener su disgusto y criticó duramente a sus jugadores, provocando así su marcha: “Fue inaceptable en la actitud, la falta de intensidad del equipo”. Después, con las heridas abiertas, uno de los jugadores, el central Chalobah, le replicó: “No es por falta de esfuerzo. Lo dimos todo, simplemente perdimos y la negatividad no nos va a ayudar.” La fractura entre técnico y plantilla ya era pues bien visible a la vista de todos.
Caídos a la ‘middle class’
El arrebato de Rosenior ha recordado otros precedentes en declaraciones intempestivas, como fueron antes las que protagonizaron en el club de Londres José Mourinho y Frank Lampard, en situaciones parecidas y antes también de ser destituidos. La falta de compromiso de los pilares actuales del Chelsea con Rosenior es bien explícita. Ni Enzo Fernández, ni Cucurella, ni Cole Palmer, ni Caicedo, ni tampoco Joao Pedro, Reece James o Pedro Neto han salido en defensa del entrenador. El silencio habla por sí solo del distanciamiento.
La breve etapa de Rosenior en Stamford Bridge se cierra así con una racha negra de cinco derrotas consecutivas en la Premier League y sin marcar ningún gol. Con la decisión, BlueCo quiere agotar, en los últimos cinco partidos, la posibilidad de que el Chelsea pueda jugar en Europa la próxima temporada, opción que ahora tendrá que luchar junto a muchos de los clubs de la llamada ‘middle class’ inglesa, como Brighton, Brentford, Everton, Bournemouth, Sunderland y Fulham. Aún les queda a los ‘blues’ también la FA Cup. El domingo, el Chelsea debe jugar la semifinal de la copa inglesa contra el Leeds United, en Wembley, partido que le llegará con este ambiente enrarecido y con un equipo sin señales de reacción, como se vio en Brighton, donde apenas atacaron y sus dos mejores delanteros, Cole Palmer y Joao Pedro, no jugaron.
La caída constante y paulatina del nivel del Chelsea, ahora octavo en la Premier, ya a siete puntos del Liverpool, el quinto clasificado de los puestos que dan derecho a jugar la Champions League el año próximo, lleva tiempo desesperando a los ‘supporters’ de los ‘blues’. Muy distanciados y disconformes con la política del club y las decisiones emprendidas en los fichajes, sus constantes manifestaciones han marcado a los ‘blues’. Muy pocos creen en una planificación deportiva orientada a fichar a jugadores muy jóvenes para revalorizarlos, emprendida por parte del consorcio estadounidense propietario del poderoso club del suroeste de Londres, en el que pesan mucho las opiniones del fondo Clearlake Capital de inversión privada, que preside Behdad Eghbali, quien en un comunicado dirigido a la afición vino a reconocer errores en algunas decisiones y a pedir tiempo para rectificar.
Manifestaciones en las calles
El sábado pasado, cientos de seguidores se arremolinaron en Fulham Broadway, en un recorrido hasta la esquina de Stamford Bridge, para protestar y quejarse por esta deriva del club y sus pobres resultados. A ellos se sumaron también representantes del Estrasburgo, el club filial del holding propietario del Chelsea, de donde procedía Rosenior, que llegó como salvador y se marcha como blanco de las críticas por la fractura entre sus tácticas y el rendimiento de los jugadores. Esas manifestaciones pidiendo ‘We want our Chelsea back’, reorientar al club de nuevo, han puesto en los últimos días mucha presión sobre los propietarios, que han acabado por romper la cuerda por el sitio de siempre, el entrenador. Piensan ahora en cambiar el rumbo y en contratar en junio un técnico con más experiencia, que les devuelva la identidad perdida.
“El Chelsea representa lucha, espíritu, determinación, y eso faltó, y no representa al club en absoluto”, se excusó Rosenior tras caer en Brighton. Aunque le haya asistido la razón, atacar a los jugadores en público, tras una debacle, nunca termina bien, por muy justificados que para un técnico sean los argumentos para defenderse. En el Chelsea también ha sido así

