
La UEFA y el plano de la tristeza
PANTALLA PLANAS
Las últimas finales futbolísticas han tenido un elemento en común que hace años que se repite. Forma parte de la épica deportiva. Incluso antes de que los árbitros piten el final del juego, cuando los partidos se intuyen ya sentenciados, la realización nos muestra las lágrimas de los aficionados derrotados. En la final de la Champions femenina, nos enseñaban el rostro apenado de las seguidoras que se habían desplazado hasta Portugal. También de algunas jugadoras. En la final de la Europa League, gran parte del relato visual consistía en recrearse en los aficionados destrozados del United y algunas de sus estrellas cabizbajas siendo consoladas. En la Conference League fue el turno de los béticos, devastados ante el fracaso, teniendo que renunciar a un título muy anhelado. Y se repitió la narrativa en la final de la Champions masculina con los del Inter. Hombres con la mirada perdida, mujeres apoyando su cabeza en el hombro de su acompañante, chavales tapándose la cara con las manos para esconder las lágrimas, otros usando la camiseta de su equipo para secárselas… La imagen favorita de la UEFA para representar la tristeza es, sobre todo, la de los niños y niñas: críos llorando, unos desconsoladamente y otros con un prudente puchero y los ojos brillantes. Es la viva estampa de la desgracia. Siempre en primer plano, que es una forma de dominación visual. Hace años que forma parte del cliché televisivo. El niño de gafas que lloraba desconsoladamente después de que Brasil encajara siete goles de Alemania en las semifinales del Mundial del 2014 se convirtió en una de las postales icónicas del campeonato.
El medio no tiene suficiente con mostrar la victoria. El valor del triunfo se entiende a través de la inmensa pena del perdedor. Y más ahora, que vivimos en una época donde el sufrimiento se ha espectacularizado y se ha convertido en un producto mediático. Es la estética del dolor. El desconsuelo puede ser muy fotogénico. Y no hay nada más cruel que el sufrimiento de un niño. Hace más inmensa la victoria del rival. El zoom, el llanto, las lágrimas se usan para guionizar el relato futbolístico. Y la UEFA lo muestra con una realización de manual.
El fútbol se gana en el campo y la derrota, donde se palpa mejor, es en la televisión. Porque se convierte en una performance emocional que ofrece el cierre perfecto del espectáculo.