
¿Fue una temeridad lo de Lindsey Vonn?
Para muchos, que Lindsey Vonn aceptara el reto de competir en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano-Cortina era una auténtica locura y, para otros, era una muestra más del amor que siente la esquiadora de Vail por un deporte que se lo ha dado todo. La inestabilidad de sus rodillas, la derecha reconstruida con titanio, y la izquierda sustentada por una rodillera en cuyo interior había un menisco roto, un edema óseo y la rotura del menisco tras la caída sufrida hace diez días en Crans Montana, podía no hacer presagiar nada bueno, pero los resultados logrados en los entrenamientos previos abrían una puerta al optimismo.
Los médicos decían que el desarrollo de la masa muscular en su rodilla desde la grave caída de Crans Montana hace una semana habilitaba su puesta en escena en Cortina. Ella estaba convencida y no tenía dudas y, de puertas hacia fuera, su entrenador, el noruego Aksel Lund Svindal, gran esquiador curtido en mil batallas, aseguraba que su alumna aventajada estaba lista.
El tercer mejor tiempo logrado ayer en el entrenamiento, partiendo de la base de que siempre hay que poner en entredicho los tiempos que se logran en el esquí alpino en esas sesiones preparatorias, la situaba entre las candidatas a las medallas, y viendo cómo se había castigado físicamente en el gimnasio también.
Precisamente, tras ver cómo se había preparado en el gimnasio, cómo se exprimía, y su rendimiento en los entrenamientos, también había incluso quien ponía en duda que realmente se hubiera destrozado la rodilla en Crans Montana como se había dicho, y que lo más probable es que tuviera una distensión. La única certeza fueron sus palabras y con ellas buscaba hoy su segundo oro olímpico en descenso tras el de 2010.
Lo que nadie podía esperar es que su carrera sólo durara 13 segundos. Sí, 13 segundos saliendo con el dorsal 13. Se enganchaba su brazo en una de las puertas, se iba al suelo y era evacuada en helicóptero al hospital, en el que probablemente haya sido su adiós a la alta competición.
¿Temeridad? Siempre es fácil opinar una vez las cosas suceden. Podríamos recordar que no estamos hablando de una esquiadora cualquiera, sino de la reina de la velocidad, con 41 años, campeona olímpica, doble campeona del mundo y con 84 triunfos en la Copa del Mundo. Una estrella mundial del deporte que cuenta con la confianza de una docena de grandes marcas y que gana al año, sólo por publicidad, casi siete millones de euros,según Forbes. A la espera del comunicado oficial del alcance de su lesión, que a buen seguro no será nada bueno, lo único que podemos hacer los aficionados es aplaudir a una gran campeona, a un icono mundial del deporte, no sólo del esquí alpino, que a lo largo de su carrera fue capaz de lograr lo imposible, hasta que hoy, el maldito número 13 se ha cruzado en su camino.