
¿Quién dijo que vendería a Lamine?
Lamine Yamal, después de firmar el primer ‘hat trick’ de su breve pero intensa carrera profesional, reconoció a los micrófonos de Movistar Plus, que tras superar un inicio de temporada irregular, por culpa de la molesta, pubalgia que le afectaba, había “recuperado la alegría por jugar al fútbol”. Las dudas que asaltaban al crack de Rocafonda provocaban insólitos debates entre diferentes sectores de la afición. Hasta el punto que algunos extremistas se abonaban a la necesidad de desprenderse, a cambio de un suculento traspaso, del futbolista más desequilibrante del equipo, con el permiso de Pedri, que ayer en la escasa media hora que jugó volvió a ofrecer otra ‘master class’ de dirección del equipo.
Las discusiones de barra de bar, disfrutando de una cerveza bien fresca con los amigos tras jugar un partido de golf, como suele hacer mi cuñado Miguel, dan para plantearse estas aberraciones y unas cuantas más. Pero bueno, ¿qué sería del fútbol si no nos atrevieramos con semejantes disparates? Porque al final olvidamos que los jugadores no son máquinas que puedan rendir siempre a un mismo nivel y menos los genios como Lamine Yamal, capaces de decidir un partido contra un rival peligroso como el Villarreal con tres apariciones estelares. Especialmente en la que se cocinó él solito el segundo gol, que hubiese firmado el mismo Messi. Aunque luego hay algunas excepciones como Fermín, capaz de correr arriba y abajo con la misma intensidad durante los noventa minutos. Con su infatigable trabajo el andaluz lidera la recuperación de la presión en el centro del campo, una seña de identidad irrenunciable en el Barça de Flick, que últimamente había quedado en el olvido para desesperación del entrenador alemán. Algo a lo que también contribuye en la posición de mediocentro Marc Bernal. El canterano es el sustituto idóneo de De Jong con un pie izquierdo de seda y un sentido táctico del juego que recuerda una versión 2.0 del argentino Fernando Redondo en el papel del ‘5’ ideal. Y no olvidemos que también tiene, como Cubarsí y Lamine Yamal, solamente dieciocho años.
El marcador de 4-1 contra el tercer clasificado de la Liga no valdría para protagonizar la remontada en las semifinales de la Copa del Rey contra el Atlético de Madrid, pero las sensaciones que ofreció el equipo sí que valen como para ilusionarse con llevar a cabo la gesta. Porque si ayer hubiera sido necesario marcar cinco goles al ‘submarino amarillo’, se habrían conseguido. Esta es la sensación que se llevaron los cuarenta y cinco mil espectadores que acudieron al Camp Nou, que se fueron a sus casas convencidos de que el martes, con un ambiente infernal gracias al retorno de medio millar de integrantes de la grada de animación, la remontada no es solo un sueño. Se fueron convencidos de que “sí se puede".