Barros y lodos

Una persona se hace socia del Barça un día y al siguiente puede apuntarse al sorteo de entradas para una final o presentar una querella contra Laporta acusándole de delitos de “administración desleal, blanqueo de capitales, corrupción entre particulares, falsedad documental y organización criminal”. Es la demostración del grave error cometido por la junta de Laporta de haber suprimido los filtros implantados por presidentes anteriores que, para admitir nuevos socios, exigían un vínculo familiar con otro socio o demostrar fidelidad, estando 3 años en lista de espera como titular del “carnet de compromiso”. En lugar de poner el foco sobre quién hay detrás del denunciante, habría que esclarecer si los hechos denunciados han sucedido. Y esa investigación solo pueden hacerla los jueces. Laporta exige presunción de inocencia, pero él acusa sin pruebas a otros precandidatos de estar detrás y querer influir en las elecciones. Cuando 6 días antes de las elecciones de 2021, los Mossos detuvieron a Bartomeu, por unas horas y sin orden judicial, por unos hechos que 5 años después siguen en fase de instrucción, ¿no se quiso influir en las elecciones? En 2013, el farmacéutico de Olesa, Jordi Cases, presentó, con el asesoramiento jurídico del entorno Laportista, una querella ante la Audiencia Nacional contra el presidente Rosell, acusándole de “apropiación indebida” en el fichaje de Neymar, imputación que se demostró absolutamente falsa. Entonces, en lugar de investigar quién había detrás, se trató al socio de héroe. A Rosell, de presunto culpable sin serlo. A diferencia de ahora, se le presionó para que dimitiera y afrontara esos problemas judiciales sin salpicar al club, que no merece tanto juego sucio.

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