¿Pagarías 3 millones de euros por poder esquiar sin colas?

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De rey del 'streaming' a gurú de las cumbres de Utah: la nueva apuesta de Reed Hastings para convertir el esquí en un santuario privado y blindado contra las masas, ¿triunfaría en Europa?

¿Te imaginas salir a "pasear", con tus esquís, raquetas o caminando, y no encontrarte con nadie, o casi nadie?
¿Te imaginas salir a "pasear", con tus esquís, raquetas o caminando, y no encontrarte con nadie, o casi nadie?@powderhaven/Instagram
  • Miriam Panisello

La pregunta no es retórica. De hecho, es una propuesta muy real que ya está tomando forma en las montañas de Utah. Para la mayoría de los mortales el esquí es sinónimo de madrugones, parkings saturados y la eterna danza de esquivar multitudes en pistas trilladas a mediodía. Pero, ¿y si el futuro del esquí no fuera democratizar la montaña, sino cerrarla bajo llave para unos pocos elegidos?

¡Pues bien! Esa es la apuesta de Reed Hastings, el hombre que cambió nuestra forma de consumir cine con Netflix y que ahora, tras dejar la presidencia del gigante del streaming en 2023, ha decidido aplicar su visión disruptiva a la nieve.

En una reveladora entrevista concedida al periodista Graham Bensinger en su programa In Depth, Hastings ha desgranado por qué ha invertido una fortuna en Powder Mountain para convertirla en un santuario del esquí privado: Powder Heaven.

El "Country Club" de las nieves: El modelo Hastings

La visión de Hastings con Powder Mountain huye del modelo de masas de otras grandes estaciones como podría ser Park City, por compararla con otra gran americana, pero que también podría ser cualquier gran resort de esquí europeo. Su objetivo es crear una comunidad de unas 600 familias bajo un modelo de club privado donde la "ausencia” sea el mayor lujo.

La clave de este modelo es la exclusividad radical. Hastings describe un escenario donde la nieve permanece "solo parcialmente pisada 24 horas después de la nevada". Y esto, la mayoría de mortales lo sabemos muy bien, solo se podría conseguir limitando drásticamente el aforo.

Pero... ¿Cómo? Muy sencillo, con un precio de entrada de 3 millones de dólares por el derecho a formar parte de la comunidad, una parcela con vistas espectaculares y acceso a una casa club.

Lo más sorprendente es que el verano pasado se sacaron a la venta los primeros 40 lotes y se agotaron. De hecho, a se están preparando para lanzar una segunda fase.

Otros templos de esquí privado

A pesar de que a muchos pueda sorprendernos la idea, lo cierto es que en Estados Unidos ya existen tres estaciones de esquí privadas que funcionan bajo este concepto parecido al de un club de golf privado. Son proyectos consolidados donde el "derecho de admisión" es la norma sagrada.

El referente más absoluto y el espejo donde se miran este tipo de inversiones es el Yellowstone Club, en Montana. Es, probablemente, el rincón más exclusivo del planeta para esquiar. Allí no basta con querer pagar; para cruzar su garita de seguridad primero debes comprar una propiedad cuyo valor difícilmente baja de los 5 millones de dólares, pudiendo alcanzar cifras de hasta 25 millones.

Una vez eres propietario, la "entrada" al club requiere un depósito inicial que ronda los 400.000 dólares, además de una cuota anual de mantenimiento de unos 40.000 dólares. A cambio, tienes acceso a miles de hectáreas de nieve virgen compartidas con una lista de socios que incluye a magnates de Silicon Valley y estrellas de Hollywood.

Viendo esto... ¿A quien no le gustaría pasar unos días de esquí en Vermont?
Viendo esto... ¿A quien no le gustaría pasar unos días de esquí en Vermont?@TheHermitageClub/Facebook

En la costa este de Estados Unidos encontramos el The Hermitage Club, en Vermont. Aunque su modelo ha pasado por diversas etapas financieras, se mantiene como un bastión de privacidad. En este caso, el acceso se estructura mediante una membresía que suele rondar los 85.000 dólares, además de las cuotas de residencia. Su valor diferencial no es solo la nieve, sino el control total sobre el entorno: un refugio diseñado para evitar las aglomeraciones típicas de los resorts convencionales de la zona.

Finalmente, el ejemplo más radical de esta tendencia es el Cimarron Mountain Club, en Colorado. Allí la exclusividad se lleva al extremo: el club está limitado a solo 13 familias. Los miembros adquieren una de las escasísimas parcelas por un precio que parte de los 2,6 millones de dólares. En Cimarron no hay colas porque, estadísticamente, es probable que seas el único esquiador durante gran parte de la jornada.

Realmente es un entorno de ensueño...
Realmente es un entorno de ensueño...Cimarron Mountain Club

Estos tres enclaves han demostrado que el mercado del ultra-lujo no busca infraestructuras faraónicas, sino la propiedad del tiempo y del espacio, algo que Hastings ha sabido leer a la perfección para su proyecto en Utah.

¿Será este el futuro del esquí?

Analizando bien la situación, lo cierto es que estos modelos no nacen por casualidad. También pueden ser una respuesta a dos crisis paralelas que vive el sector: la saturación y el cambio climático.

En Estados Unidos, los pases tipo Epic o Ikon han democratizado el acceso, pero han "roto" la experiencia con colas interminables. Hastings simplemente ha detectado que existe un segmento de altísimo poder adquisitivo que prefiere pagar 3 millones de euros por una experiencia exclusiva, que 100 euros por un forfait diario masificado.

Por otro lado, el sector nos está diciendo que, a largo plazo, el esquí se encarecerá. Producir nieve y mantener infraestructuras con temperaturas al alza será insostenible para estaciones pequeñas de baja cota. El modelo de club privado garantiza la viabilidad económica con muy pocos usuarios y márgenes de beneficio estratosféricos.

Ahora bien. ¿Triunfaría este modelo a Europa? Aquí la cultura de la montaña es distinta. Los Alpes se basan en pueblos abiertos y derechos de paso históricos. Sin embargo, sí es cierto que ya vemos "guetos de lujo" en Courchevel 1850 o Zermatt. Así que, no es descartable que veamos sectores enteros de estaciones "privatizados" mediante cuotas de acceso o clubes exclusivos (o muy exclusivos) dentro de grandes dominios.

Pero al final, la clave de todo, la define muy bien Hastings: “Disfrutar de la nieve fresca es como una droga. Una vez que la pruebas, solo quieres más y más”. El problema es que, como toda sustancia escasa, el precio para conseguirla pura puede subir hasta la estratosfera.

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