No suele ser habitual ver a Roberto De Zerbi abatido tras los partidos del Brighton. Pocas veces el técnico italiano se marcha de un estadio, como hizo el domingo en el Emirates, reconociendo abiertamente los méritos del rival. “Sufrimos mucho" –admitió triste De Zerbi--. “No estamos acostumbrados a sufrir de esta manera. El Arsenal tenía una energía diferente, un poder diferente. Perdimos uno de cada dos balones. Perdimos todos los duelos”. El Brighton&Hove Albion fue el último equipo que ganó en el Emirates, allá por el mes de mayo (0-3), y llegaba a Londres con un plan aprendido de presión alta para poder repetir la hazaña. Lo que se encontró fue a un Arsenal indómito, firme y fortalecido, un equipo muy mejorado por Mikel Arteta, que esta vez no se dejó confundir.
En la victoria del Arsenal sobre los ‘seagulls’ (2-0) hubo algunas imágenes que reflejaron el momento de confianza del nuevo líder de la Premier League. Una de ellas fue el abrazo entre Arteta y Kai Havertz, cuando el técnico sustituyó al jugador alemán tras marcar el segundo gol. El gesto venía a loar públicamente el encaje definitivo de uno de los grandes fichajes de esta temporada, tras unos comienzos difíciles y muchos partidos de suplencia. La otra fotografía del partido retuvo la autoridad y liderazgo de Martin Odegaard. El ‘captain’ del Arsenal cuajó con galones otra actuación sobresaliente, en la línea de su altísimo nivel de este año.
Son imágenes que explican el buen funcionamiento del Arsenal para volver a aspirar a todo, además de la capacidad defensiva que aporta su otro superfichaje, el inglés Declan Rice. Las tres perfilan la nueva imagen que exhibe el club del norte de Londres, situado ya en lo más alto de la clasificación, aprovechando el primer traspiés del Liverpool en Anfield. Tras la victoria en el Emirates, Odegaard describió su momento como “in the zone”, que, en traducción futbolística, significaría muy conectado al juego. Cuando un futbolista entra en la zona de influencia que ahora luce el noruego se siente capaz de todo, en ese estado de fluidez que le conecta con el resto de jugadores.
El capitán del Arsenal ha reencontrado su lugar, que fue perdiendo el año pasado a medida que el cansancio y el exceso de presión acabaron minando su papel. Pero Arteta ha logrado, dándole toda la confianza, devolver la inspiración al que es uno de los pilares del Arsenal. Vuelve a dirigir y marcar el ritmo de juego con brillantez, con la libertad de probar los límites de su técnica. Hábil con el regate, tiene ese fútbol instintivo que aumenta la velocidad del Arsenal para que Saka, Gabriel Jesús y Martinelli se exhiban finalizando los ataques.
Sobre Odegaard, al lado del ‘lugarteniente’ Rice, y con la firmeza de los dos centrales, William Saliba y Gabriel Magalhaes, se ordena la consistencia y el dominio de los ‘gunners’. Que el Brighton de De Zerbi se quedara sin marcar por primera vez en 33 partidos habla bien del trabajo defensivo de este Arsenal poliédrico creado por Arteta, ya el menos goleado. La combinación de la habilidad de Odegaard y la fuerza física de Rice definen su reinventado equilibrio, su arma más poderosa. Hoy es un equipo de acero.


