Brasil es siempre una fiesta, en las gradas del Stade Vélodrome de Marsella con su gente luciendo los colores verde y amarillo, sus constantes cánticos alegres y la pancarta 'Caipirinha is better than sangria' como provocación a las españolas, pero también con su juego en el terreno de juego. No hubo tanto 'jogo bonito' como intensidad y dureza en el césped, aunque los 11 mil espectadores bailaron al ritmo de sus jugadoras.
España se desesperaba con la potencia de Ludmila, con las constantes pérdidas de tiempo de la portera Lorena, con el ritmo alto de Portilho y Adriana.
'Cat woman', como han bautizado a Cata Coll en estos Juegos de París, demostró que las superheroínas también son terrenales, que los superpoderes a veces fallan, y tuvo un error garrafal nada más empezar el partido que dejó a la Roja muy tocada con el 1-0. Qué injusto es a veces el fútbol. La meta balear acabó el partido bañada en lágrimas, totalmente rota.
Y Montse Tomé sufría como nadie. Siempre de pie, con su libreta en mano, sin dejar de dar instrucciones y tomar anotaciones, de no perder de vista ningún detalle para intentar darle la vuelta al marcador. Pero el fútbol es también justicia y Marta, de 38 años, seis veces Balón de Oro y en sus sextos Juegos Olímpicos, tendrá ocasión de sumar el oro a su impecable bagaje si vence en la final a Estados Unidos. Sería un colofón más justo para esta leyenda.
