Así no pueden seguir las cosas en San Mamés. No es de recibo que en un campo y con una afición que causan admiración fuera de Bilbao se vivan momentos tan tristes, penosos y raros como los del pasado domingo frente al Mallorca, sin ir más lejos. A más de uno se le llena la boca proclamando aquello de que el Athletic está por encima de todo y de todos, pero los sucesos que se vienen repitiendo de un tiempo a esta parte cada vez que los leones ejercen de locales vienen a demostrar todo lo contrario.
No es de extrañar que Jagoba Arrasate, vizcaíno de nacimiento, asegurase al término del choque ante los leones que se nota el ambiente enrarecido que se respira en San Mamés y que “es una gran pena, más si cabe pensando en el jueves”. Habría que ver qué pensaron al respecto, por ejemplo, Bittor Alkiza, su segundo en el Mallorca, e incluso Aritz Aduriz, otro ilustre exleón enrolado actualmente en el club bermellón.
Increíble, pero cierto. Ahora quizás sería más justo proclamar al unísono “Hau ez da San Mames” (Esto no es San Mamés). El problema está enquistado y no parece que vaya a tener fácil solución.
Muchos años de ausencia en Europa después, el Athletic tiene ante sí la ocasión de poder vivir una noche europea. Frente a un rival con solera en el concierto continental. Como local y obligado a remontar un 2-1 adverso para seguir dando pasos hacia la final a disputar en el propio San Mamés.
Ojalá impere el sentido común y los leones se desmelenen al calor y color de su afición. Se puede.