El ex presidente Josep Maria Bartomeu rompió su silencio para dar una versión en ocasiones desconocida. Tiene lógica escuchar que los contratos crecientes a los jugadores se producen porque el club va ingresando más cada año o que el Barça pide el crédito de Griezmann antes de ficharlo porque la operación está planificada hace tiempo y no se quiere pagar más de intereses. Como también tiene lógica lo que la actual Junta defiende sobre que Messi debía marchar porque era un peligro económico para el futuro del club o que la situación económica es difícil. Ambas difieren sensiblemente en el impacto de Covid o el de la gestión. Unos ponen el acento en lo primero y los otros en lo segundo. Habrá de todo.
El Barça lleva muchos años en dos versiones. La sociedad barcelonista no ha sido capaz de generar una generación que se alejara de la dualidad en la que todavía vive. Las luchas intestinas siguen entre directivas, directivos, medios, futbolistas o aficionados que se van decantando en un bipartidismo nocivo. No ha habido figuras capaces de articular un discurso creíble y que enganche entre la mayoría de aficionados blaugrana capaz de agradecer a todos sus aportaciones y de empezar un proyecto nuevo sin reproches. Los resultados (buenos o malos) han ido decantado las zonas de poder y todo el mundo puede juzgar los estilos de unos y de otros. Pero la sensibilidad está a flor de piel. Y “prendrem mal” (nos haremos daño) si la escalada continúa.
Se entiende casi todo. La versión de los que se justifican, la de los que atacan, la de los que se defienden, la de los que se reivindican y, sobre todo, que hay mucho pasado en las acciones de todos. Viene una época con poca paz, en la que los tribunales volverán a estar en primera página y las justificaciones a la orden del día. El Barça lo resistirá y volverán a quedar heridas. Lo importante será que los equipos se bunkericen, traten de aislarse del ruido y se concentren en competir. Es posible.