Después de la trabajada victoria europea, el Barça afronta el clásico con la moral bien alta. Probablemente, la Liga esté ya decidida y los blancos llegan en un gran momento, pero los nuestros han de ir a lo suyo,que es jugar con inteligencia y esperar su oportunidad sin obsesionarse con la posesión de balón y la presión alta.
El Madrid es un equipo que vive de estados emocionales, especialista en tender trampas para salir a la contra, y al que le encantan los partidos abiertos. Por eso el Barça de Xavi ha de jugar como lo hacía su entrenador, contemporizando y esperando el momento adecuado para filtrar el pase o lanzar su aguijón.
Aubemayang está en un momento dulce y tanto Dembelé como Adama o Ferran pueden buscar unos contra uno en zonas sin riesgo. Lo que más me preocupa es la media porque ahí es donde el Madrid es fuerte. Todavía Kroos, Modric y Casemiro son superiores. No obstante, el futuro es del Barça con los Pedri, Gavi o Nico, arropados por el talento defensivo de Araujo.
Mientras vivimos esta transición que con Xavi ya no es un hundimiento, hay que saber competir, no perder la compostura y evitar los regalos al rival. El Madrid es poderoso en el juego aéreo, así que Ter Stegen debe estar más atento a esas falsas salidas en los córners y sacar los puños con decisión. Lo que no podremos controlar, son eso regalos tan habituales de los árbitros.
El vestuario está cada día más unido, los jugadores se sienten parte implicada y se intuye que remando juntos, llegarán los resultados. Poder ganar en el Bernabéu es siempre una alegría.