El precio de renovar

El precio de renovar

Principios de abril de 2014. El Barça firmaba un año en blanco con Tata Martino en el banquillo. Neymar era entonces compañero de un Messi pretendido por todos pero que obsesionaba al PSG. Los parisinos no dejaban de enviar mensajes escritos en talonarios, tantos que Leo dudó. En esos días, Tito Vilanova luchaba contra un cáncer que se lo acabaría llevando el 25 de aquel mismo mes. Messi pidió verle para pedirle consejo. ¿Qué podía hacer? La respuesta del míster no pudo ser más clarificadora y a la vez aleccionadora: “¿Dónde vas a estar mejor que aquí?”. La respuesta ya la conocemos viendo todo lo que el Barça y él ganaron en el campo. Algo parecido a lo que años antes, en 2010, me contó Pep Guardiola cuando coincidimos en el acto de entrega del Premi Nacional de Comunicació a Jordi Basté. De esa conversación me quede con una frase calcada: “Del Barça no se quiere ir nadie, ¿dónde van a estar mejor que aquí?”.

En el Camp Nou hay distintos tipos de jugadores. Los que no se van ni con agua caliente como Umtiti; los que se sienten tan a gusto que prefieren ganar menos, pero vivir mejor con el balón como Araujo y los que son esclavos de sus representantes como el mismo Dembélé o como lo fue Ilaix Moriba, a los que solo ven como una fábrica de hacer pasta y más pasta, importándoles un bledo su bienestar. Correteando en el Parque de los Príncipes encontramos hoy dos ejemplos más. Uno, porque quiso irse allí pensando, él y su padre, en el dinero: Neymar. El otro, Messi, porque no le quedó más remedio porque el Barça no podía darle ni la mitad de lo que ganaba. Los dos son un poco más ricos, vale, pero su impacto futbolístico dibuja una curva hacia abajo. Fuera del Barça, los inviernos son muy duros.

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