
Evidencias
Hay pocas certezas en el mundo del fútbol pero, si una cosa es manifiesta desde la llegada de Xavi Hernández al banquillo del Barça, es la mejora de Ousmane Dembélé. El delantero francés nunca ha sido santo de mi devoción, pero hay que reconocer que ha perfeccionado muchos aspectos de su juego y sobre todo la toma de decisiones. Además, lleva más de un año sin lesionarse y esta temporada ha jugado en todos los partidos excepto contra el Ceuta en Copa. Un total de 27 participaciones en 28 compromisos oficiales con 8 goles y 7 asistencias. Números bastantes buenos para un delantero azulgrana.
Otro aspecto palpable es que Dembélé está entrando en su madurez. Se nota en su fútbol, en su apariencia física y en su gestualidad. Ha pasado de encogerse de hombros, estar distraído y deambular por el Camp Nou, a sacar pecho, estar concentrado y elegir cuando conviene correr y cuando es preferible frenar por el bien del equipo. Todo esto le ha servido para cambiar los silbidos de la afición por aplausos.
El mosquito va por buen camino, pero aún le queda mucho por mejorar. Por ejemplo en acciones defensivas. En la última jornada de liga contra el Getafe hizo una entrada muy fea por la que tendría que haber sido expulsado. El VAR debería haber avisado al árbitro principal como hizo el miércoles en el pisotón de Brais Méndez a Sergio Busquets. Aplaudamos el acierto y critiquemos el error, pero lo que no podemos hacer es criticar el acierto. Y el miércoles en el Camp Nou tanto el VAR como Dembélé acertaron. Es otra evidencia. Ahora solo les falta continuidad.