La gran atracción de la selección es Lamine Yamal. Ha de jugar tres partidos, algunos minutos, para consolidarse de forma reglamentaria. Batirá un récord de precocidad, pero no es el único culé y comparte vestuario con tipos también muy jóvenes. Como Alejandro Balde, 19 años. La explosión del carrilero blaugrana la temporada pasada fue espectacular. Xavi contó con él y apostó por delante de un Jordi Alba con piernas, físico y cabeza todavía frescos para rendir en esos últimos diez metros decisivos, pero el técnico del Barça le dio la alternativa a Balde, que tuvo en Alba a su mejor apoyo, lo que honora al jugador actual del Inter Miami.
Balde es imbatible en carrera. Posee desborde en velocidad. Se siente más cómodo cuando arranca desde atrás y ejerce mejor de verdadero carrilero que cuando el equipo debe ejecutar el ataque estático. Balde tiene características sobradas para hacer más daño del que hace en sus subidas. El Barça y la selección necesitan ese punto más de un futbolista que ha sabido soportar bien la presión. Xavi también espera más de él en un equipo que necesita generar más ocasiones de gol para liquidar con mayor contundencia los encuentros que se encallan. El equipo blaugrana cuenta con centrales muy potentes que pueden permitir las subidas de Balde, aunque los rivales ya miran de aprovechar cuando marcha hacia adelante.
Xavi ha de combinar el papel de Balde y de Cancelo, dos laterales con una extraordinaria vocación ofensiva. Para eso necesita el trabajo de los centrales y de Oriol Romeu y Frenkie de Jong. En las mejores etapas solo había un lateral que subía excesivamente (Alves). El entrenador del Barça también puede recurrir al 3-4-3, pero es evidente que los laterales del FC Barcelona, especialmente Balde, deben hacer más daño, porque pueden hacerlo. Otra cuestión es que delante Lewandowski haya declarado que se siente solo cuando el equipo juega con cuatro medios puros. ‘Lewy’ necesita que se le arrope más seguramente y él debe recuperar el tono del inicio, de cuando llegó al Barça tras estar en el Bayern, esa etapa en la que ejerció de ‘killer’ implacable y que todavía se añora.