La continuidad de Xavi es una buena noticia, teniendo en cuenta que no buscaron alternativas, incomprensible en un club mínimamente organizado en el que hasta hace una semana el entrenador mantenía que no seguía, a no ser que fuera un farol. Una cosa es cambiar de opinión y otra caer en contradicciones. Históricamente, los fracasos se tapaban con la ilusión de un gran fichaje. Ahora con la continuidad del entrenador que lo acaba de perder todo y decía que quería irse porque “no se disfruta del cargo” y es “cruel y desagradable”. Cuesta de digerir. Parece más por necesidad que por convicción. Laporta emuló a Xavi. Lo que al mediodía en la junta era una “temporada decepcionante” que “recomendaba un relevo técnico” a la noche fue una fiesta de renovación con sushi “porque no queremos que nada cambie”, según Yuste. Si lo arreglaron en 3 minutos y con una mirada podían haberse ahorrado el show. Donde esté el sentimentalismo que se quiten los análisis rigurosos. Cuando Laporta dijo que “siempre he apostado por la estabilidad”, a Koeman, destituido a los 2 meses de empezar la temporada, y a Jordi Cruyff y Alemany, despedidos tras ganar la liga, se les debió escapar la risa. Esperemos que “este proyecto ganador” mejore, porque de las dos temporadas y media con Xavi, dos han terminado en blanco, se han conquistado 2 títulos de 12, se ha superado una sola eliminatoria de Champions, con 5 eliminaciones europeas y fuera del Mundial de Clubs. Tras 15 fichajes y 270 millones gastados, ilusionan los chavales que estaban en la herencia