Después del gran partido con el Girona en el que el Barça salió enchufado con una intensa presión alta, en Mónaco vimos la otra cara de la moneda. Un error garrafal de Ter Stegen, seguido de una mala elección de Eric Garcia, condenaron al equipo en la Champions. No es el primer balón que regala Marc en este inicio de temporada. La diferencia es que la Champions penaliza. En la alta competición los errores se pagan muy caros. Jugar con uno menos es un hándicap insalvable dada la exigencia física de la competición.
El Barça hubiera podido ganar si Raphinha hubiera sido más hábil en un uno contra uno con el portero, que podía haber acabado en mano o falta fuera del área y la expulsión de este.
De momento, el Barça ha demostrado muy buena cara y actitud en la Liga, pero la Champions sigue siendo una pesadilla. Hay que trabajar la mentalización para evitar errores infantiles. En eso, los jugadores más veteranos como Ter Stegen, Lewandowski, Koundé o Iñigo Martínez han de dar ejemplo. También Flick estuvo un poco extraño en los cambios porque más que ir a por el partido, pareció que reservaba algunos de sus jugadores de cara al encuentro liguero del domingo.
De momento, no hay que ponerse dramáticos por perder un partido, pero debemos estar atentos en la alta competición. La juventud del equipo hace que puedan ser blandos e inocentes en algunos aspectos. El Mónaco jugó bastante sucio y está claro que los arbitrajes en Europa tampoco nos son demasiado favorables. El colegiado holandés nos cosió a tarjetas por protestar un penalti que después no fue…