El arte de ganar

El arte de ganar

Director de Mundo Deportivo

Cuando Pep Guardiola respondió al público del Liverpool que lo increpaba en Anfield enseñó los seis dedos, reafirmando sus títulos, para contestar con contundencia. No les explicó que su equipo jugaba mejor al fútbol, sino lo que había ganado con el City. Guardiola pasará a la historia por los títulos que ha logrado, se le aplaudirá el cómo, pero siempre quedará el qué. Ganar también es un arte, aunque a veces en sectores específicos del Barça se confundan los objetivos por lo difícil que es explicar el modelo.

El Barça quiere ganar jugando bien. Ese es el estilo. Ese debe ser el modelo. No, jugar bien y ganar. Es un pequeño matiz de ordenación en la frase, pero es básico. Kaiserslautern, con el gol de Bakero o Stamford Bridge, con el de Iniesta, han de ser mucho más referentes que aquel Brasil-Italia que se jugó en Sarrià y que todavía se pone como ejemplo de que el fútbol supera el resultado. Error. No hay romanticismo y resultadismo. Aquel Brasil no tenía ni portero (Waldir Peres) ni delantero centro (Serginho) e Italia jugaba con Zoff en la meta y Rossi en el área. Aquel encuentro se mitificó porque reunió a Zico, Falcao, Sócrates y Toninho Cerezo en un medio campo muy tocador, pero el fútbol italiano fue superior en inteligencia emocional, oficio, apuesta táctica y resolución. Los medios lo elevaron a icónico y así ha quedado, como la Holanda del 74 que jugó la final frente a Alemania. Ganaron los germanos, pero los holandeses se llevaron la gloria del relato, aunque en su palmarés no figure ningún campeonato del mundo y sí cuente para la Argentina de Menotti y Kempes y la Alemania de Beckenbauer y Torpedo Müller.

No hay que renunciar a nada, pero  el Barça debe subir su nivel de oficio. No vale la excusa de equipo joven porque la combinación con veteranos es muy potente. El equipo blaugrana debe leer mejor los partidos. Poner más intensidad ante los menores (Las Palmas y Leganés) y pegada ante los grandes como el Atlético. Jugar bien o merecer ganar debe servir para no equivocar el camino, pero no es el discurso del éxito. Cuando se pierde siempre ha pasado algo.

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