Está claro que todo aficionado de un club de fútbol, de esos que van con la camiseta puesta y llevan los colores en la sangre cuando acuden al estadio es con la esperanza de ver ganar a su equipo. Dicen que el fútbol es un espectáculo, pero la realidad demuestra que lo que desea todo fanático o hincha es gritar los goles y saborear la victoria de su equipo. Bastante triste es la leyenda del Alcoyano, pero admirable la actuación de aquellos aficionados que no lo han abandonado nunca.
Cuento esto porque sigo asombrado por el abandono de los estadios que se ha producido en los últimos partidos del Barça en Valencia y Sevilla. Creo, sinceramente, que hay momentos en los que el público debería plantearse asistir a los partidos en los que juega el Barça con otra mentalidad. Como si fuera a ver un concierto de su cantante o grupo preferido. A escuchar y gozar de la música que desprenden un equipo de artistas como el que ha montado el alemán Hansi Flick. Quizás solo tendrán una oportunidad de ver a todos esos jóvenes talentos expresando un repertorio de máxima calidad o dictando cátedras de fútbol.
En la actualidad no hay equipo en el mundo que practique un fútbol tan colosal como el que desarrolla el Barça. Hay muchos culés que se han reído de esos abandonos de las gradas por parte de los aficionados a medio partido. Y a mí, en cambio, me sabe mal que haya gente que no sepa apreciar el maravilloso espectáculo que están brindando los Pedri, Lamine, Raphinha, De Jong, Balde, Koundé, Cubarsí, Iñigo o cualquiera que salga. Lejos de gozar de la frustración que sienten algunos aficionados viendo como el Barça se exhibe ante ellos habría que invitar a todos los públicos de la liga española y del mundo a que vayan a los campos a ver un concierto futbolístico de primera magnitud.