El portero resucitado

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Szczesny se ha tomado ese giro de guion como un regalo y esa mentalidad siempre ayuda a la hora de afrontar lo que otros pueden considerar un reto

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Wojciech Szczesny, parando un balón en el Benfica-Barça

Pep Morata (MD)

No conozco a nadie que haya resucitado, aunque dudo que pueda tener esa posibilidad nunca. Sin embargo, si fuese viable, la vuelta a la vida debe ser alguna cosa muy parecida a lo que está experimentando Wojciech Szczesny. Sobre todo, la manera de afrontar esa prórroga inesperada. El meta polaco se ha tomado ese giro de guion como un regalo y esa mentalidad siempre ayuda a la hora de afrontar lo que otros pueden considerar un reto.

No está entre los mejores del planeta, ni él lo pretende. No debe defender una carrera deportiva ni su prestigio, ni evidentemente tiene la presión de quien quiere crecer porque él ya conoce el futuro. Simplemente se plantea disfrutar el momento desde su experiencia y sus limitaciones físicas, propias de quien resucita. Sin necesidad de proteger su ego, se ha puesto al servicio de la idea colectiva, a pesar de que le obligue contra natura a ajustar los grandes espacios a la espalda de la línea defensiva. Todo lo relativiza porque ya ha vivido una carrera deportiva con final incluido.

Cuando se trata de defender la línea de gol, como en Lisboa, aparece su mejor versión. Es un meta de gran envergadura que ocupa mucha portería y notable técnicamente. Como además ya lo ha vivido todo, dispone de muchas referencias para saber qué reclama cada capítulo. Bloca cuando puede blocar, rechaza hacia los lados cuando tiene dudas y aprovecha su altura en el juego aéreo. No le preocupan las formas, sobrevaloradas desde la mirada de un resucitado, sólo el fondo aunque sea poco ortodoxo. Si se ve en una emboscada con el balón en los pies, concede un córner sin alterarse. Si decide que no se sale en corto con uno menos, nadie se lo discute. Si le pasa factura llegar tarde en un uno contra uno, una sonrisa rompe con el drama. Su equilibrio es un tesoro en un puesto de máxima tensión y soledad.

Flick tuvo claro que era su elegido para el trimestre de las notas finales. Si algún día tuvimos la tentación de pensar que se había hecho un nudo en la portería, el técnico nos vuelve a enseñar que su mirada larga se impone. Acabe como acabe la historia, ya nadie le puede discutir su decisión. Szczesny y el Barça disfrutan su resurrección porque no tiene miedo al día después.

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Más allá de un lateral

El fútbol continúa evolucionando y la posición de lateral es una de las que ha cambiado su dimensión. Muchos consideraban que era un rol complementario porque defendía a los delanteros más alejados de la portería y su presencia en ataque, excepto en aquellos representantes con alma de extremo, era mínima. Álvaro Carreras en el Benfica es un ejemplo de la influencia de un lateral en un equipo. Con sólo 21 años, explota su calidad para pesar mucho en el juego. No sólo es muy fuerte en el cara a cara defensivo, como ha mostrado ante Lamine Yamal, sino que ofrece riqueza ofensiva. Sus conducciones rompen líneas, es profundo por fuera, finaliza las acciones con criterio y sus cambios de orientación son venenosos. Su baja en Montjuïc por sanción es la peor noticia para el Benfica.

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