Contener la euforia a día de hoy es una de las cosas más difíciles en el mundo del fútbol. Sobre todo cuando sientes que los objetivos marcados no están tan lejos. El triplete fue la palabra más repetida el pasado miércoles después de la clasificación del Barça a la final de Copa. Era imposible escuchar la rueda de prensa de Flick o el canutazo de los jugadores sin captar aquella pregunta sobre la posibilidad de lograr el tercer triplete en la historia del club. Las declaraciones, como era de esperar, no ignoraban el tema pero tampoco apuntaban a un subidón fuera de lo normal. Para resumirlo más fácil: la plantilla azulgrana quiere ganarse esta gran gesta cada día y hasta el último suspiro de la temporada.
Dicho esto, toca otra vez elogiar al bueno de Hansi viendo todo lo que está consiguiendo en su primera campaña. Ya sé que contarán los títulos antes que todo, pero el trabajo hecho por el técnico alemán ha superado todas las expectativas habidas y por haber. Nadie, absolutamente nadie, llegó a imaginar en verano pasado ver un Barça así, sin demasiados fichajes, pero con un rendimiento muy renovado de casi todos los integrantes del primer equipo. Sólo espero que se acabe sumando Ansu Fati de alguna forma durante estos últimos meses porque su caso no es nada sencillo.
Ahora se asoman cinco días importantes, ya que los partidos de Betis y Dortmund son tan vitales que darían un empujón fundamental al equipo en caso de victoria. Frente a los andaluces se podrá descontar una jornada más y en Champions sería bastante cómodo viajar a tierras alemanas con una renta tranquilizadora.