Fue un partidazo. Los jugadores, de los dos equipos, desmontaron las burdas prácticas de la previa de una final de Copa que elevó el fútbol y condenó los plantones inadmisibles y las amenazas veladas de retirada. El Madrid tiene un problema: el club le está trasladando a los futbolistas sus fobias y también a su afición que ve fantasmas donde no hay y hace que cualquier jugada de un partido que no le beneficie sea un motivo de polémica. Rüdiger acabó queriendo ir a agredir al árbitro tras una acción en la que Mbappé hizo falta. Al final, sin embargo, los futbolistas blancos, salvo Bellingham, actuaron como dignos deportistas y felicitaron a los jugadores del Barça que les hicieron un pasillo. La guerra de los futbolistas es una y está al lado del balón y el juego y la del club blanco es otra y está fijada en los intereses de despacho, con acciones concretas como nombrar responsables arbitrales moldeados a su favor (¿qué pasará en junio con el máximo responsable de los árbitros?) Hay dirigentes que no soportan que otros clubs sean superiores y montan películas sin guion. Es tan sencillo como eso. Ni más ni menos.
Lo que el Barça dejó claro en La Cartuja de Sevilla es que tiene carácter. Y mucho. Le dio la vuelta a un 1-2 con un Madrid entonado en la segunda parte gracias a esa ventaja que le ha dado Flick al equipo esta temporada: lo dan todo hasta el último minuto. Contra el Barça nada es definitivo porque posee ese tono de animal herido que no se deja pisotear. El técnico blaugrana estuvo acertado dando entrada a Fermín, Gavi, Araujo o Eric, mucha energía cuando parecía que las pilas bajaban y el Barça creció en piernas y en presión y metió ese carácter de rebelde inconformista que le valió una Copa muy importante para afrontar una recta final espectacular con la despensa llena de positivismo psicológico. Y el Madrid habrá que esperar que se dé cuenta de que los shows que monta debilitan a su propio equipo y esparcen una imagen nefasta de la entidad por todo el mundo. La final de Copa, al menos, dejó claro que el fútbol se gana en el terreno de juego con futbolistas comprometidos y de calidad y que normalmente gana el que mejor juega a este juego.