Las urgencias del Real Madrid

No hay semana tranquila. Ahora se bombean Irán e Israel y estos tienen material para mucho tiempo. Esperemos que lo guarden. Mientras, el Real Madrid, tocado en la clasificación y en su amor propio, está teniendo un verano como no lo había vivido en las últimas épocas. Quizás alguien pensó en la capital que ya con el equipo de hace dos años iban a vivir toda la vida. Pronto se dieron cuenta de que alguien les pasaba por la derecha, el Barça, y varios grupos futbolísticos lo hicieron por la izquierda en la nueva Copa de Europa. 

Era sorprendente el inmovilismo blanco, con varios defensas lesionados de largo alcance, con un mediocampo veterano y con una delantera irregular. Era sorprendente la no incorporación de alguna figura en ciernes. Ahora lo han hecho. Han traído dos defensas -Arnold y Huijsen- para intentar cerrar espacios en dirección a Courtois. La pasada temporada no hubo partido, es una forma de decir, en el que no encajasen algún gol inexplicable. Y luego van incorporando gente al mediocampo y delante. La llegada del argentino Mastantuono es una apuesta de futuro, un jugador técnico, habilidoso que había llamado la atención de muchos equipos europeos, pero que la falta de experiencia y su coste habían frenado cualquier incorporación. 

No creo que aquí terminen las incorporaciones del equipo blanco este verano. Su presidente está enojado por la temporada pasada, en la que no solo se quedó en blanco como la camiseta sino que su entrenador se fue deprisa y corriendo y ya ha debutado como seleccionador brasileño. Ancelotti parecía lento, pero en su momento ha dado un sprint sobre el Atlántico en el que ha roto récords anteriores que parecían inexpugnables. Es lo que ocurre cuando no ganas.

A la vez, se ha iniciado este sorprendente Mundial de Clubs en el que hay grandes equipos, clubs desconocidos y faltan nombres del nivel del Barça, Liverpool, Arsenal, etc. Es un invento de la FIFA, con la excusa de unir al fútbol, cuando en el fondo se trata de quitar vacaciones a los jugadores, seguir facturando y que los futbolistas saquen la lengua para poder cubrir los kilómetros que tienen que hacer en una temporada ya muy cargada de partidos y viajes. Vamos a ver cómo acaba esto, pero exprimir demasiado la naranja la hace incomible. Ojalá no sea así en nuestro amado deporte.

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