Cuando el mal gana

Tras años de denigrar al estamento arbitral, como colectivo e individualmente, a través de su canal de televisión, parece que el Real Madrid va a salirse con la suya e incrementará los favores de los colegiados, que le son inveterada tradición.

En las primeras jornadas de Liga se han registrado decisiones sospechosas por extrañas. Desde el Comité Técnico de Árbitros (CTA) se anunció que a partir de la presente temporada el VAR no intervendrá tanto, lo que es ya un síntoma de dejadez de funciones, porque ha de entrar cuando las circunstancias lo requieran: si es poco o nada, pues eso; si es mucho, también. Restituir la justicia no debería tener límites. Pero su trabajo es ahora selectivo, según quién y cómo.

Ya en la primera jornada, un pisotón de Mbappé al osasunista Juan Cruz, sancionado como penalti, salvó a los blancos de un empate en casa. A partir de ahí los favores van al alza, con especial mención a la no expulsión de Mastantuono cuando le abrió una brecha en la cabeza al espanyolista Romero, lo que acabó en tarjeta amarilla, cuando en la primera jornada una acción exacta de Muriqi sobre Joan Garcia mereció la roja directa. Son dos ejemplos que demuestran que los árbitros están acoquinados y que la política del vilipendio está dando dado sus frutos, por no decir que los que mandamases de la Federación y el CTA son todos más blancos que la leche.

El fracaso de la pasada temporada, cuando con Mbappé los blancos tenían que arrasar, no puede repetirse, tras haber gastado 200 millones en fichajes. Un VAR cobarde y selectivo es el aditivo perfecto para que el mal se imponga sobre el bien.

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