Proteger a los jóvenes

Proteger a los jóvenes

Periodista

La fecha del 23 de noviembre de 1997 siempre será recordada por los asiduos al Palau Blaugrana por el apabullante debut de Joan Carles Navarro en el primer equipo de basket del FC Barcelona en la Liga ACB. Nadie podía imaginar que un chaval de 17 años de aspecto delgaducho al que Aíto le dio la alternativa, como a tantos otros, sería capaz de anotar diez puntos en el último cuarto del partido contra el Granada. Apodado como ‘la Bomba’ , por la elevación que le daba a sus lanzamientos para superar la mayor altura de sus defensores, la afición lo despidió puesta en pie. Lo más sorprendente llegó más tarde, cuando el departamento de prensa de la sección comunicó a los periodistas que no habría declaraciones por parte del protagonista de tan esperanzador estreno, para alegría del propio ‘Juanqui’ que siempre llevaría con sonrojo conceder entrevistas. Pero este no fue el motivo por el ‘silenzio stampa’, como dirían los italianos, del gran protagonista del partido sino que se trataba de una iniciativa del propio club, con el correspondiente visto bueno del entrenador, con el propósito de proteger al joven jugador de las distracciones que le podría ocasionar todo el estallido mediático de su estelar irrupción.

Debo decir que la medida del club me alteró porque no se comprendía que fuera censurado el principal argumento noticioso del partido. Algo muy difícil de entender si hubiera sucedido con un futbolista, al que rápidamente se hubiera elevado a la categoría de crack mundial. Por suerte al de Sant Feliu no se le subiría el éxito a la cabeza y junto a su inseparable amigo del alma, Pau Gasol, formaría la pareja de más éxitos de la historia del baloncesto español.

Pocos años después se repetiría un caso muy similar con Ricky Rubio, al que nuevamente Aíto, saltándose todos los eslabones de las etapas de formación de un jugador de baloncesto, hizo debutar en el Joventut con tan solo catorce años, todo un récord de precocidad. Cuando cumplió los dieciocho tuve el honor de hacer la primera entrevista televisiva en directo al talento del Masnou, convertido en toda una figura por el que se peleaban las principales franquicias de la NBA.

Todo esto viene a cuento por el tsunami en que se ha convertido Lamine Yamal desde que derribó la puerta del vestuario del Camp Nou. Desde entonces el de Rocafonda ha sido más observado por su ajetreada vida fuera del césped que por sus innegables virtudes futbolísticas. Su ascensión ha sido tan meteórica que resulta difícil digerir, por el alto riesgo que corre de perderse por el camino. El papel de divo que le otorgan quienes tutelan su carrera no parece que contribuya a desinflar el globo que se ha creado alrededor de Lamine, demasiado expuesto a traspasar la fina línea que separa el éxito del fracaso.

Desde el propio club se debería asumir la responsabilidad de guiar por el camino adecuado al crack, al que se dejó demasiado solo en su aparición en la Kings League. Es bueno que el departamento de comunicación ande ocupado con las constantes apariciones de Laporta. Pero tan importante resulta mesurar la incontinencia verbal presidencial como dotar de recursos dialécticos a la estrella del equipo para poder hacer frente al impostado colegueo de las preguntas de Ibai Llanos.

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