Los actores secundarios

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Raphinha y Pedri ponen las condiciones para que los actores secundarios, de un valor impagable, representen su papel con autoridad

BARCELONA, SPAIN - DECEMBER 02: Jules Kounde of FC Barcelona battles for possession with David Hancko of Atletico de Madrid  during the LaLiga EA Sports match between FC Barcelona and Atletico de Madrid at Spotify Camp Nou on December 02, 2025 in Barcelona, Spain. (Photo by David Ramos/Getty Images)

Koundé disputa con Hancko una acción del partido entre el Barcelona y el Atlético

Getty

Hacía muchas semanas que el Barça esperaba una obra tan completa como la del martes contra el Atlético, una señal que anunciase la recuperación de su versión más reconocible. En su análisis, hay un consenso casi absoluto en la identidad de los actores principales que provocan el salto de calidad blaugrana. Raphinha y Pedri han roto cualquier duda sobre su influencia en la personalidad del Barça de Flick. El brasileño lidera la intensidad en la expresión competitiva, lo que deriva en aspectos futbolísticos que cuelgan de ella, principalmente la presión y la verticalidad efervescente. El canario manda en el juego, gobierna el ritmo del partido con el equilibrio perfecto entre la calidad técnica y la interpretación táctica.

Ellos arrastran al equipo a un espacio de felicidad, a un estado donde los futbolistas conectan con la seguridad, algo imprescindible para recuperar la innegociable credibilidad. Raphinha y Pedri ponen las condiciones para que los actores secundarios, de un valor impagable, representen su papel con autoridad. No se trata de Lamine Yamal o Joan Garcia, que pueden tener el mismo rango que la pareja de guías en algunas asignaturas troncales como el desequilibrio o la emergencia defensiva. Ellos beben directamente de la fluidez que propone Pedri o de la intensidad defensiva que exige Raphinha.

Los actores secundarios se identifican porque aceptan su condición, así como también su responsabilidad. Sin ellos, la química colectiva no funcionaría y muy a menudo, son los que tienen una relación más directa con el crecimiento colectivo. Por ejemplo, cuando Koundé vive el partido con la máxima concentración, se convierte en un defensa dominante al tiempo que un socio de confianza pragmático de Lamine Yamal para ocupar los espacios que él desocupa. En el caso de Gerard Martín, se ajusta a la posición de central zurdo, tan añorada por Flick. Siempre riguroso, su pierna izquierda puede encontrar más fácilmente la profundidad de Balde y Raphinha en esa ala sin perder lectura defensiva o la capacidad para esconder sus limitaciones.

Por no hablar de Eric, el primer titular de la historia del fútbol en diferentes posiciones. Ha llegado el día que Flick decide dónde juega y luego completa el resto de la alineación. Es capaz de llevar a la excelencia la figura que defienda, desde la de mediocentro donde completó un ejercicio magistral, hasta la de lateral, pasando por la original como central. Sin olvidar tampoco a Dani Olmo, que iluminó el ataque con sus apariciones. Cuando participó, todo mejoró, hasta el punto de marcar las diferencias con su gol.

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Luego, los suplentes entendieron el escenario final ya con los guías descansando. Casadó y Christensen salieron para resistir, Dro dio oxígeno en cada contacto con el balón como si fuese un experto y la pareja Ferran-Rashford se responsabilizó de apretar en defensa sin renunciar a lucir aguijón si había posibilidad, como se vio en el tercer tanto. Cada uno disfrutó su rol, la mejor fórmula para el óptimo rendimiento de cualquier grupo

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