Hacía muchas semanas que el Barça esperaba una obra tan completa como la del martes contra el Atlético, una señal que anunciase la recuperación de su versión más reconocible. En su análisis, hay un consenso casi absoluto en la identidad de los actores principales que provocan el salto de calidad blaugrana. Raphinha y Pedri han roto cualquier duda sobre su influencia en la personalidad del Barça de Flick. El brasileño lidera la intensidad en la expresión competitiva, lo que deriva en aspectos futbolísticos que cuelgan de ella, principalmente la presión y la verticalidad efervescente. El canario manda en el juego, gobierna el ritmo del partido con el equilibrio perfecto entre la calidad técnica y la interpretación táctica.
Ellos arrastran al equipo a un espacio de felicidad, a un estado donde los futbolistas conectan con la seguridad, algo imprescindible para recuperar la innegociable credibilidad. Raphinha y Pedri ponen las condiciones para que los actores secundarios, de un valor impagable, representen su papel con autoridad. No se trata de Lamine Yamal o Joan Garcia, que pueden tener el mismo rango que la pareja de guías en algunas asignaturas troncales como el desequilibrio o la emergencia defensiva. Ellos beben directamente de la fluidez que propone Pedri o de la intensidad defensiva que exige Raphinha.
Los actores secundarios se identifican porque aceptan su condición, así como también su responsabilidad. Sin ellos, la química colectiva no funcionaría y muy a menudo, son los que tienen una relación más directa con el crecimiento colectivo. Por ejemplo, cuando Koundé vive el partido con la máxima concentración, se convierte en un defensa dominante al tiempo que un socio de confianza pragmático de Lamine Yamal para ocupar los espacios que él desocupa. En el caso de Gerard Martín, se ajusta a la posición de central zurdo, tan añorada por Flick. Siempre riguroso, su pierna izquierda puede encontrar más fácilmente la profundidad de Balde y Raphinha en esa ala sin perder lectura defensiva o la capacidad para esconder sus limitaciones.
Falsos adolescentes
La oleada de adolescentes con talento que está invadiendo el fútbol mundial es imparable. Casi cuesta encontrar un gran club europeo que no tenga un representante de este selecto grupo en su plantilla con un papel importante, ya sea titular o con minutos de calidad. No se trata de jugadores jóvenes entre 19 y 21 años, hasta ahora lo más natural. Ya han llegado los nacidos en 2007 y 2008. Entre los primeros, Lamine Yamal y Cubarsí en el Barça, Mastantuono en el Madrid, Estevao en el Chelsea o Ndjantou en el PSG. Entre los más pequeños, Lennart Karl y Wisdom Mike en el Bayern, Dro en el Barça, Mbaye en el PSG, Rio Ngumoha en el Liverpool o Harriman-Annous en el Arsenal, donde Arteta incluso se ha atrevido con un chico del 2009 como Dowman, que aún tiene 15 años. Unos pocos optan a ser estrellas ya en el próximo Mundial, otros son titulares en partidos claves de la Champions o revulsivos determinantes en situaciones de emergencia. No sabemos si es casualidad o tendencia, pero cada vez llegan antes a tener impacto. Cuesta normalizarlo
Por no hablar de Eric, el primer titular de la historia del fútbol en diferentes posiciones. Ha llegado el día que Flick decide dónde juega y luego completa el resto de la alineación. Es capaz de llevar a la excelencia la figura que defienda, desde la de mediocentro donde completó un ejercicio magistral, hasta la de lateral, pasando por la original como central. Sin olvidar tampoco a Dani Olmo, que iluminó el ataque con sus apariciones. Cuando participó, todo mejoró, hasta el punto de marcar las diferencias con su gol.
Luego, los suplentes entendieron el escenario final ya con los guías descansando. Casadó y Christensen salieron para resistir, Dro dio oxígeno en cada contacto con el balón como si fuese un experto y la pareja Ferran-Rashford se responsabilizó de apretar en defensa sin renunciar a lucir aguijón si había posibilidad, como se vio en el tercer tanto. Cada uno disfrutó su rol, la mejor fórmula para el óptimo rendimiento de cualquier grupo


