La obsesión por la Champions
HABLEMOS DE FÚTBOL
La madurez da estabilidad, la experiencia da conocimiento y si el Barça no se desvía del camino, todo caerá por su propio peso


- Ricard Torquemada
Periodista
Todo el mundo quiere ganar, pero la gran mayoría pierde. Es una sensación muy reconocible, el vacío que produce una derrota es incómodo. Si es en la Champions y eres el Barça, alcanza el rango de insoportable. Tanto es así que provoca la necesidad de buscar desesperadamente qué se debe hacer para ganar esa competición. Como si hubiese una fórmula mágica, que podemos garantizar que no existe.
Entiendo perfectamente la ambición del sector blaugrana más frustrado, pero es muy compatible con la aceptación de la realidad, que no es tan fea. Claro que el Barça puede mejorar esos detalles que no ha dominado y que le han pasado factura contra un rival muy bien enfocado, la resignación nunca es una opción. El equipo de Flick puede controlar más los partidos, madurar más los ajustes defensivos en una propuesta de máxima exposición o incorporar perfiles más dominadores en las áreas. Son caminos que pueden llevar a un mejor rendimiento en el máximo nivel.
Sin embargo, no es sano medir un ejercicio a través de la acumulación de años sin ganar la Champions. El camino está trazado por el técnico a través de un vehículo futbolístico que genera vínculo por su protagonismo en el juego, su riesgo, su mirada atacante y su orgullo competitivo. La plantilla cada día que pase estará más preparada para los grandes escenarios: Marc Bernal, Lamine Yamal y Cubarsí están entre los 18 y 19 años; Gavi, Fermín y Balde entre los 21 y 22; Pedri, Joan Garcia, Gerard Martín y Eric entre los 23 y 25. El cómo y el quién están asegurados, el qué depende del grado de necesidad que cada uno tenga de la Champions. Ganar, si se remata la Liga, cinco de ocho títulos en las dos últimas temporadas no debería despreciarse por caer en Europa.
Es un mal negocio tener la Champions como principal objetivo porque el Barça sólo la ha levantado cuando el triunfo ha sido una consecuencia. La madurez da estabilidad, la experiencia da conocimiento y si el Barça no se desvía del camino, todo caerá por su propio peso. La evolución futbolística es una obligación, pero la singularidad y el sentido de pertenencia blaugrana nunca llegará desde los éxitos en la Champions, evitemos esa tentación. Sólo puede alargar más el proceso.
El talento invisible
Hay futbolistas especialistas en crecer en la sombra, alejados de los focos. Sin querer, hasta el punto de pasar desapercibido como uno de los mejores centrocampistas del mundo. Tiene 21 años, lo hace todo bien y parece que no juega. Bien escondido tras el brillo deslumbrante de Vitinha, Joao Neves es fiable e inteligente. En el “desorden ordenado” inmejorable de Luis Enrique, engrasa el juego del PSG. Es intenso en la recuperación, intuitivo en el duelo, rápido tanto mentalmente como en la ejecución con balón y una garantía en la toma de decisiones. Alterna paciencia con profundidad, mientras su despliegue ocupa mucho espacio. Luis Enrique lo ha convertido en un centrocampista silencioso, pero completísimo. Su madurez no va de acuerdo con su juventud. No lo podrán imitar

