El Madrid se gusta

El Madrid se gusta

Ceballos, iluminado; Rodrygo, artista; Asensio “zurda de oro”, desatado; Benzema, eficaz; Modric, oportuno, y el Elche, atribulado e incapaz, “lantern rouge” por sus deméritos (4-0). En un partido tan desigual, en el que un equipo se gusta y el otro sufre, consejos de especialistas arbitrales sobre cómo deben comportarse los jugadores, huelgan. Cualquier inversión sería tirar el dinero. Entonces salta la liebre, ¿hizo el primo el Barça por pagar a Enríquez Negreira, vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros, casi millón y medio de euros por atender a normas tan elementales como no protestar al colegiado? Algo más haría Enríquez para que a los azulgrana no les señalaran una pena máxima en 746 días... ¿Decir a los defensas que en el área se metieran las manos en el calzón? ¿Qué ni una falta en ese territorio? ¿Eran los artistas los destinatarios del mensaje? Feo asunto, un mar de sospechas con las certezas colgando del alero como murciélagos exhaustos.

Ya, pero estamos hablando de fútbol, exactamente del Madrid-Elche. Así que conjeturas, las justas. El anfitrión no echó de menos a Vinicius, castigado; el público, sí: Vini es espectáculo, por quien merece la pena pagar una entrada. Distinto es lo que bulle a su alrededor; admiración u odio, porque en ocasiones no se conforma con deslumbrar a base de regates, desbordes, virguerías, carreras relampagueantes y teatrillo, cuando del menor roce hace un drama. Le han sacudido, ha simulado, Ancelotti y los compañeros han tratado de contenerlo, “¡juega y calla!”. Le han insultado y en la vorágine se ha mezclado la realidad con la ficción: “¡Vini, baila!”. Vini se viene arriba, reclama el ánimo del Bernabéu; pero no siempre juega en casa y empieza el lío. En cualquier caso, el Madrid, sobrado, salva el puerto de tercera. Le quedan los Pirineos, y los Alpes.

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