El Real Madrid tenía una cita tan importante como difícil en Liverpool y la dejó escapar. Lo que entonces era transcendente ha derivado en drama para la cita ante el Atalanta del día 10. El Madrid ocupa la última plaza que da acceso a las rondas eliminatorias, que en su caso sería la de dieciseisavos, pensar en los 8 primeros y pasar a octavos es una quimera.
El problema no fue perder en Liverpool, con un equipo que es líder de la Premier y suma los quince puntos posibles en la Champions, el error fue perder en Lille y no ganar al Milan. De aquellos barros estos lodos.
Hacía tiempo que el Real Madrid, vigente campeón de Europa, no vivía una fase de grupos con esta urgencia. De hecho, el Madrid siempre se ha clasificado para las eliminatorias desde que la máxima competición continental cambió su formato en 1993, justo después de la primera copa ganada por el Barça con aquel gol de Koeman en Wembley.
La temporada pasada el Madrid, con Kroos, pero sin Mbappé, ganó todos los partidos de la fase de grupos, estaba clasificado a falta de dos jornadas, así que nos encontramos en un escenario inédito para el madridismo reciente.
Es cierto que esta liguilla que se ha inventado la UEFA deja muchas cosas en el aire. Los rivales los elige un ordenador, todos juegan ocho partidos, pero ante rivales diferentes y el factor campo lo decide la ruleta. De ahí que grandes equipos la afronten con dificultades. Entre ellos el Real Madrid, que en un intenso mes de diciembre tiene un partido vital en Bérgamo, lo es en sus aspiraciones, en su temporada y también en su historia.