La final del Mundial amagó con quedar marcada para la historia por una jugada. Fue el 2-2 de Francia. Mbappé empaló como los ángeles un balón que había perdido Messi en el centro del campo. Icónico retrato del ciclo vital. La gran estrella de los últimos 15 años legando el mandato a la figura dominante de la próxima década. Ahí quedó. El desenlace es sobradamente conocido como para regodearse en estas líneas. Hace cinco años, el 20 de diciembre de 2017, la Real vivió en primera personal un relevo de los tiempos que quizá en el momento se difuminó entre la inmediatez de los acontecimientos. Fue el día en que Carlos Vela jugó su último partido con esta camiseta. El fin de una era que el fabuloso jugador mexicano completó con grandeza. Como sucede con Griezmann, Prieto, Zurutuza a su manera, Carlos Martínez, Agirretxe y compañía, Vela forma parte de un elenco esencial para que la Real de ahora brille. En su despedida, nadie perdió el balón en el centro del campo para que Vela marcara contra el Sevilla, pero aterrizaban en la plantilla los que se han terminado adueñando de los plenos poderes del primer equipo: Oyarzabal, Zubeldia, incluso Aritz Elustondo. Pese a que todavía son jóvenes, se han convertido en los veteranos de un lugar al que los Zubimendi, Pacheco o Le Normand han llegado para quedarse. La cadena de sucesión continuará, todo un baluarte para la Real que un año más enciende las luces de Navidad en plena forma. Aquel epílogo de Vela fue el último partido de Iñigo Martínez con la Real en Anoeta. No se han registrado muchos más seísmos en los siguientes cinco años. Una fortaleza significativa. Eguberri on!