Cuando Isco Alarcón salió a calentar a la banda del Sánchez Pizjuán el sevillismo lo celebró. Estaba atascado el equipo de Julen Lopetegui ante un Valladolid que se crecía cada vez más y el vasco iba a apelar a su calidad y criterio con el balón para que aparecieran como por arte de magia los espacios necesarios.
Cuando salió al campo los aplausos se tornaron en ovación cerrada. Más de 15.000 sevillistas estuvieron presentes en su puesta de largo una semana antes. El debut era lo esperado y la expectación era mucha. El ex madridista sustituyó al Papu Gómez y salía al campo como encargado de hacer circular la pelota, una tarea para la que su excepcional calidad nadie duda.
Sin embargo, ya por entonces el Valladolid, guiado por un Aguado que estaba en todas partes, iba ganando terreno en el centro del campo. El partido se partía cada vez más y las transiciones iban y venían. Y es ahí donde Isco desplegó su abanico de carencias. Nunca fue un dechado de fuerza física, pero el ritmo que adquiría el encuentro acabó dejando en evidencia a un futbolista que ha estado demasiado tiempo inactivo. Ni el trabajo con el entrenador personal, ni los escasos días en los que se ha ejercitado con el grupo se vieron reflejados sobre la hierba del Sánchez Pizjuán.
Naufragio junto a Rakitic en el centro del campo
El estado de forma de Isco está aún lejos de su mejor versión, la que esperaba el emocionado público nervionense cuando el de Benalmádena saltó al césped. Una carrera hacia atrás en pugna con un rival lo dejó en evidencia. Él y Rakitic, otro jugador en un alarmante bajón físico a sus 34 años, naufragaron ante el centro del campo pucelano. Marcó el Valladolid en una pérdida de Ocampos, surgió la ansiedad, empató Rekik en una desafortunada salida de Asenjo y los últimos minutos fueron un quiero y no puedo. Un ataque continuo con más pasión que cabeza, justo lo que ha de poner Isco al servicio de su nuevo equipo.
Lopetegui, si lo rodea de los futbolistas adecuados, es capaz de recuperar al mejor Isco y el malagueño ha llegado al sitio ideal, donde, por ejemplo, emergió hasta los cielos un Banega que llegó bajo mínimos y en medio de muchas dudas y escándalos continuos en Valencia. Pero necesita tiempo, recuperar el físico perdido y adquirir ritmo de competición, algo que claramente le falta ahora mismo al otrora mago de El Arroyo de la Miel.

