“La decisión la tomé hace ya dos o tres años, después de Tokio”, arranca. “Llevaba tiempo pensándola porque acababa el ciclo olímpico y quería estudiar tercero y cuarto de Fisioterapia y hacer las prácticas. ¡Me he graduado ahora!”, dice. Marina García disputó hace unas semanas, en el Campeonato de Catalunya de Terrassa, su última competición como nadadora profesional.
La bracista del Club Natació Sabadell puso, a sus treinta años, el punto final a una brillante carrera deportiva en la que ha sido una de las grandes líderes nacionales durante más de una década. Por ello, sigue siendo una de las embajadoras de la natación nacional: como muestra, este próximo fin de semana será una de las cabezas de cartel de la Radikal ocean52 del Radikal Swim, en la que ejercerá como ‘supporter’ junto a una buena nómina de compañeros para ayudar a los participantes que lo necesiten.
Olímpica en Londres 2012 y en Tokio 2021, Marina puso fin este verano a una carrera en la que conquistó un bronce europeo en piscina larga y una plata y un bronce continentales en piscina corta. Nadó cinco Mundiales en piscina larga y dos en corta para convertirse en una de las grandes referentes históricas de la braza española. Pero… “Para hacer las prácticas tenía que dejar el deporte en segundo plano, no podía rendir bien en el agua porque mi actividad es algo muy cansado. Así que prioricé otras cosas que me hacían feliz”, explica. “Me llenaba graduarme en dos años, invertir tiempo en eso”, cuenta.
Es a lo que se había dedicado con más fuerza en las últimas temporadas, aunque no había parado de nadar y de entrenar. El nivel seguía estando, a pesar de que las horas de entrenamiento no fueran las mismas por sus otras obligaciones laborales y académicas. “El último año sí tuve más tregua con las prácticas y decidí entrenar más de febrero a junio para ver si tenía una oportunidad de ir a París. Quería intentar la clasificación hasta donde me diera mi tiempo y creo que lo he aprovechado”, celebra Marina. En efecto, en el Open de Palma de Mallorca no logró las mínimas para los Juegos Olímpicos pero sí sus mejores marcas en los últimos tres años a pesar de su tiempo reducido de preparación.
“Al final todo son experiencias. El deporte me las ha aportado, al igual que me ha dado muchos valores. He estado entrenando en Estados Unidos, en el CAR, en el club… He sacado lo máximo de cada lugar, he vivido mucho y estoy muy contenta”
Era su último gran sueño, el de París, pero siempre con los pies en el suelo. “Me quedé con el haberlo dado todo. Fue un motivo de felicidad. Trabajé durante esos meses para intentar abrir la vía del 4x200 libre. Acabé sexta en la prueba individual y con buena marca en 200 braza, así que cumplí ese objetivo”, explica Marina. Era consciente de que se trataba de un último reto deportivo, pero de que su gran anhelo no estaba en la piscina. “Mi proyecto personal estaba en mi carrera universitaria, en el ámbito de la fisioterapia. También en otros aspectos que me hacen feliz y me llevan a seguir adelante”, reflexiona. “Simplemente vi que en febrero estaba en dos minutos en esos 200 libre y quería intentarlo, aunque también entrené la braza”, sonríe.
No salió, aunque el hecho de que hubiera llegado la mínima no hubiera cambiado lo más mínimo el camino recorrido por Marina durante su etapa profesional. “Al final todo son experiencias. El deporte me las ha aportado, al igual que me ha dado muchos valores. He estado entrenando en Estados Unidos, en el CAR, en el club… He sacado lo máximo de cada lugar, he vivido mucho y estoy muy contenta”, explica antes de hablar de la razón de su retirada. “Ha llegado un momento en el que no me sentía representada o identificada con mi puesto en el panorama español, simplemente porque ya hay una generación muy joven. A mí me movía más mi generación, mis amigas, mi gente”, reflexiona.
La decisión estaba tomada, porque Marina García nunca ha tenido miedo a salir de las piscinas. “Cuando no hay una cultura de equipo muy grande cuesta más. Ya me costaba hacerlo en el club con gente más joven que yo, imagina con gente que no conozco. Era bastante ajeno ir a competiciones, puro trabajo. Me costaba mucho compartirlo con la gente. Pero forma parte del salto generacional, del camino, de la vida”, explica Marina, que era consciente de que quería explotar otras facetas. “Tengo aspectos fuera de la natación que he construido con la ayuda que he tenido durante años. Creo que hay que tener un plan para la retirada y yo lo he ido trabajando desde hace mucho tiempo”, reflexiona. “Es difícil compaginar el deporte de élite con la vía académica, porque este camino no está hecho para dar trabajo o seguridad. Mucha gente de mi generación lo hemos conseguido, pero a veces tienes que dejar de lado muchas cosas para obtener esa seguridad”, explica.
Marina García se va convertida en una de las grandes referentes históricas de la braza española
Siempre ha predicado con ello, aunque quizá comportara riesgos a nivel deportivo. “He logrado estar durante quince años a muy buen nivel, aunque en otras ocasiones no lo he estado por invertir en mi vida personal. Un deportista es persona primero y eso es algo que cuesta ver. No se fomenta dentro del alto rendimiento”, cuenta Marina. “Así que es algo que tienes que hacer por ti misma”, dice.
Un camino brillante y unos principios férreos
Más allá de éxitos, medallas, marcas, récords o participaciones olímpicas, y todos ellos han sido numerosos, si algo ha distinguido a Marina García es que desde el primer día hasta el último ha sido fiel a sus principios. Cuando todo empezaba, cuando su carrera se lanzaba con resultados brillantes mientras entrenaba en casa (olímpica en Londres 2012 y doble finalista mundial en Barcelona 2013), apostó por un gran cambio en busca de un crecimiento personal: se marchó a Estados Unidos para estudiar y entrenar en la Universidad de Berkeley.
“Yo tenía claro en ese momento que el cambio tendría repercusión a nivel de resultados, pero que el crecimiento personal valdría la pena. No puedes estar pensando en si los cambios van a afectar negativamente a tu rendimiento. Hay momentos en los que tienes que tomar riesgos, cambiar, ponerte en otras situaciones”, recuerda sobre aquella decisión tomada hace más de una década. “En aquel momento, yo era deportista, pero me faltaba ser persona. Sentía que en mi vida faltaban cosas fuera de la piscina y necesitaba buscar otros ‘inputs’, otras situaciones, otro ámbito diferente al del CAR para cultivar otras cosas”, cuenta.
El sentido de pertenencia fue una de ellas. “El sistema en Estados Unidos es muy diferente. Allí luchas por un objetivo en común con treinta chicas más. Todo se multiplica y se vive más intensamente para lo bueno y para lo malo. Todo tiene una razón detrás”, reflexiona Marina. “Estoy muy agradecida por la oportunidad que tuve. En el equipo universitario se fomenta que, primero, seas persona; después, que tengas una carrera; luego, que seas deportista. Aquí va todo por separado, te tienes que buscar la vida”, cuenta. Aunque cada sistema tiene sus ventajas. “Allí te gradúas y tienes que trabajar, por lo que la retirada es más temprana porque Estados Unidos es un país muy exigente a nivel laboral. Aquí puedes nadar más tiempo y buscar un rédito a través del deporte. Es diferente”, compara.
“Estoy muy agradecida por la oportunidad que tuve en Estados Unidos. Me educaron en la inteligencia emocional y en priorizar a la persona. El saber sobrellevar momentos buenos y malos es algo que trasladas a la vida diaria y que te hace ser quien eres"
Marina se arriesgó al cambio de sistema y de ambiente y tiene claro que ganó. “En Estados Unidos me educaron en la inteligencia emocional y en priorizar a la persona para hacer frente a situaciones difíciles y para tener un futuro después del deporte. Eso era mucho más importante que otra cosa, aunque fuera a costa de resultados deportivos”, reflexiona.
Porque ganó otros aspectos. “Crecí con muchas herramientas como el educador, el psicólogo deportivo, esa gestión de la inteligencia emocional, situaciones no tan superficiales como un resultado. Tener nivel, sacar medallas o poder viajar con la selección ha sido un regalo, pero todavía ha sido mayor el hecho de saber sobrellevarlo todo y trasladar esos valores a mi vida personal”, explica. “Al final, el saber sobrellevar momentos buenos y malos es algo que trasladas a la vida diaria y que te hace ser quien eres. Esas experiencias y la gente y los clubes con los que he estado me hacen ser quien soy y para mí son lo más importante”, afirma.
Formada en el Mediterrani, se enroló en el ciclo hacia Tokio 2020 en el Club Natació Sabadell. Marina lo hizo tras no lograr la clasificación para los Juegos de Río 2016 después de que no se le convalidara una competición alternativa para buscar la mínima durante su estancia en Estados Unidos. Tuvo que viajar directa de las finales de la NCAA hacia el Open y el desgaste se hizo notar. “Pero eso me dio la oportunidad de desconectar, de viajar, de hacer cosas que no había hecho y de obtener la motivación que me ha hecho continuar”, reflexiona Marina. “La gente de mi generación dejó la natación tras ese ciclo olímpico y yo he aguantado dos más. Invertí mucho tiempo para llegar a Tokio en mi mejor versión deportiva y, aunque no se reflejó en resultados por un cúmulo de situaciones, fueron mis mejores años a nivel físico y mental, estoy segurísima”, cuenta.
Un camino diferente
En efecto, Marina cumplió su gran deseo de disputar unos segundos Juegos Olímpicos en Tokio 2021, nueve años después de su debut. Esa fue su última gran competición al máximo nivel, puesto que el objetivo en el ciclo de París 2024 ha sido también esa otra faceta personal y laboral. “Todo hace que me quede con el momento en el que estoy ahora. Represento todas las experiencias que he vivido. Soy yo con lo que he conseguido y con lo que tengo por delante, porque todas las experiencias me han marcado como persona”, cuenta.
El Mundial de Barcelona 2013, en el que fue doble finalista en casa en sus dos pruebas de braza, uno de los grandes momentos de Marina García
“No miro atrás para ver que hubiera pasado con otro camino, con otras decisiones. Las cosas pasaron porque sí y todas me enseñaron algo”, reflexiona. “Quizá lo único que me pesa es que han podido faltar maneras para hacer las cosas más cercanas al deportista para ahorrarle ciertas emociones. Esa gestión humana. Pero todo me enseñó”, dice. Escoge cinco momentos. “Mi primer campeonato con la absoluta en el Mundial de Roma 2009, el entrar en el CAR con los mejores deportistas de España, el Mundial de Barcelona 2013, la marcha a Estados Unidos y el camino hasta Tokio”, dice sin dudar.
Su carrera ha ido evolucionando con los años. La cultura de la natación en España, quizá no tanto. “Yo no lo he visto. Habrán cambiado resultados y muy superficialmente las cosas, pero me voy y creo que la natación ha seguido el mismo transcurso”, reflexiona Marina. “No se puede comparar la situación de ahora con la de antes porque en la selección de 2010 a 2012, cuando yo empecé, la gente me inspiraba, animaba ver a los compañeros lograr medallas. Ese ambiente mágico de la selección cuando yo era más pequeña no lo he vuelto a vivir”, explica.
“Me quedo con mi primer campeonato con la absoluta en el Mundial de Roma 2009, el entrar en el CAR con los mejores deportistas de España, el Mundial de Barcelona 2013, la marcha a Estados Unidos y el camino hasta Tokio”
Por ello tenía claro que llegaba el momento de parar. “En el Campeonato de Catalunya se dio la opción de hacer algo a nivel regional con Marta (González) y con Lidón (Muñoz), así que fue una situación perfecta. Estoy muy agradecida a la Federació Catalana porque me siento muy representada por la gente que ha habido. Han puesto más de su parte para darnos más voz a los deportistas, nos han escuchado. Fue perfecto despedirme con Lidón y con Marta cuando prácticamente hemos hecho la misma carrera deportiva, en el CAR, por estudios, en campeonatos…”, cuenta Marina.
El día de después ya ha llegado y Marina García tiene claro que todavía tiene mucho que aportar al deporte y a la natación. “Voy a estar dentro al 100% desde la fisioterapia. Estoy con un proyecto personal en el que quiero apostar por la prevención en el deporte y trabajar con equipos deportivos para hacer prevención de lesiones y readaptación. Es algo que se tiene muy olvidado en el deporte y más en la natación”, explica.
Por este motivo, la Radikal ocean52 supondrá también una ocasión perfecta para concienciar sobre ello. “Hay mucha gente máster que no tiene todos los conocimientos en prevención y en salud. Se trata de un gran evento que promueve el deporte, que permite conversar con la gente, compartir tu historia, dar algún consejo. Son momentos que la gente agradece y yo ahora tiempo para ello”, dice Marina.
Marina García tiene claro que su carrera como nadadora ha terminado, pero también que tiene mucho todavía por transmitir. “Quiero pasar mi experiencia a otras generaciones. Me encantaría seguir ligada al club o a la Federació Catalana. Quiero estar en el ámbito de la natación”, explica, abierta especialmente a una vía federativa que parece ahora mismo más abierta. Por ahora no se plantea entrenar a equipos inferiores. “Doy clinics y es mi manera de transmitir mi experiencia a la gente, pero mi idea es aprovechar mis estudios”, cuenta Marina. Sabe que su largo viaje entre la élite de las corcheras ha escrito su punto final, pero que ello solamente significa que una nueva aventura acaba de empezar.



