Crónica de un descenso anunciado

Crónica de un descenso anunciado

El descenso del Espanyol todavía no se ha consumado matemáticamente, pero todo apunta a que se trata solo de una cuestión de tiempo. El perico más optimista se resiste a aceptarlo y recuerda el gol de Coro o el primer año de Pochettino para seguir creyendo en la salvación. Pero si tanto va el cántaro a la fuente al final se rompe, y parece ser que se quebrará esta vez.

Lo sucedido este jueves por la noche en el Benito Villamarín bien vale para resumir la temporada del Espanyol. Con dudas en el inicio, dando la sensación de estar esperando que tarde o temprano llegue el golpe, y sin la capacidad de reacción necesaria para levantarse el mismo. Incluso esa ocasión de Wu Lei en el 88’ tuvo cierto sentido en el paralelismo con el global del curso. Porque habiendo entrado hubiese supuesto la consecución de un punto tan estéril como a la postre será el triunfo ante el Alavés en el regreso tras el parón. Parecía que sí, pero no.

A todo esto restan por disputarse siete jornadas, que traducidas a puntos otorgan al Espanyol la posibilidad de sumar 21 si gana todos sus partidos. Y con ello se salvaría, sí, pero teniendo en cuenta que el calendario le obliga a medirse con Real Madrid y Barça (además de Real Sociedad y Valencia) se antoja un imposible.

Pero más que por lo comentado, este Espanyol huele a descenso por las sensaciones que transmite y ha transmitido durante toda la temporada. En las antípodas de aquel al que salvó Coro, que ese mismo curso fue campeón de Copa, y también del primero de Pochettino, que fue capaz de superar al Barça de Guardiola en el Camp Nou.

Este Espanyol no ha funcionado como se esperaba ni con David Gallego ni con Pablo Machín ni con Abelardo Fernández. Eso es un hecho. Y sin duda que invita a la reflexión de que el ocupante del banquillo no es ni mucho menos el principal culpable. Se han hecho muchísimas cosas mal, y el día que se consuma definitivamente el descenso tras 26 temporadas consecutivas en Primera, nadie podrá sorprenderse. Porque ese día se habrá escrito la crónica de un descenso anunciado.

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