Alguien, desconozco quién, calificó a Ferran Reverter como el Messi de los CEO cuando aterrizó en el Camp Nou. La agudeza del inventor del calificativo indicaba ya la consideración de crack que iba a tener desde entonces y así ha sido, hasta el punto que, ahora que ha decidido dimitir, se ha llevado más portadas que Paquirrín en el Lecturas. Da la impresión de que sin él, el Barça anda más perdido que Bale en el Real Madrid.
Todo el mundo está haciendo ahora un Forensic -es tremenda la popularidad de este palabro- a la nueva crisis culé, pero me da que todo es más simple. Aquí manda un presidente elegido por los socios, guste o no. Vale, una junta si se quiere, pero quien da la cara es el presidente, en este caso Laporta. Y si las cosas no van bien, que en ocasiones no van nada bien, los palos se los lleva él. En lo institucional, en lo deportivo y en lo económico. Así que resulta incomprensible esa categoría de fenómeno que se le está dando a un ejecutivo.
Reverter sabía dónde venía, con quién venía y cuáles eran sus propósitos. Y si no lo sabía o si pensaba que estaría a la altura presidencial en la toma de decisiones demostró que lo suyo no es un club de fútbol sino de curling. Bartomeu tenía pánico a pasar a la historia como el presidente que echó a Messi y Laporta sí lo hizo, siguiendo además los consejos económicos del propio Reverter. No le corresponde al CEO sacarle los colores a su jefe a las primeras de cambio. En 2005 y 2008 ya le pusieron en evidencia sus propios directivos marchándose y aún así volvió a ganar unas elecciones.
Al presidente le fiscalizan los socios, que deben calibrar si hay excesos peligrosos, como de cargos de confianza, y no un empleado. Así funciona. Que el próximo no sea el Haaland de los CEO. Con un Ferran Torres apañado ya estaría bien