Balde, la alternativa

Balde, la alternativa

Mientras se espera que Mateu Alemany, acompañado seguramente de Jordi Cruyff, viajen esta próxima semana a Londres para precipitar la salida del Chelsea de Azpilicueta y Marcos, en la gira por los Estados Unidos del Barça, el joven Balde le ha arañado ciento treinta y cinco minutos, sin sumar los que haya podido computar la noche pasada en contra los Red Bulls de NY, de titular en el once de Xavi.

No les voy a negar que por el afecto que tengo por su padre, “el pichón”, y por el chute de entusiasmo que podría representarle en la lucha contra los problemas de salud que le azotan desde hace un año, me encantaría que el tercero de la dinastía cántabra de los Marcos Alonso (abuelo, padre y nieto) se pudiera vestir de blaugrana. Un sueño que heredó de su padre, autor de uno de los goles más bellos de la historia barcelonista, con un cabezazo en plancha en el último minuto de la final de Copa del 1983 que valió para que el Barça de Maradona derrotase al Madrid de los “García” por 2-1 en La Romareda.

A pesar de haberse formado en la cantera madridista, para alegría del abuelo, espigado defensa central que alcanzó a ganar cinco Copas de Europa consecutivas como uno de los escuderos de Di Stéfano, el chaval nunca escondió cuando se le interrogaba de “ser culé hasta la muerte”. Y ahora con treinta y un años, con una carrera llena de éxitos en la Premier y a las puertas de poder jugar su primer Mundial con España, se pueda hacer realidad en los últimos trazos de su carrera el deseo tan perseguido.

Sin embargo, la ilusión del veterano, choca con la ambición de un juvenil de tan solo dieciocho años, al que Koeman hizo debutar (gracias Ronald por todas las promesas de la cantera que llegaste a promocionar) para jugar los últimos diecisiete minutos de la derrota contra el Bayern por 0-3 en el Camp Nou, en la que técnico holandés justificó el resultado con un resignado "esto es lo que hay".

Alejandro Balde, un fibroso lateral izquierdo, al que el Barça arrancó de la cantera del Espanyol con tan solo nueve años y que por aquel entonces destacaba como delantero centro. Tal como me recordaba ayer el bueno de Guillermo Amor, mientras compartíamos desayuno en la terraza del Casino de la Fraternitat de Palafruguell, en los tiempos que compartía la responsabilidad con Albert Puig en el futbol base barcelonista.

Si de verdad creemos en La Masia, como la esencia de producción futbolística del Barça, más allá de invertir centenares de millones en fichajes de cracks consagrados, gracias en vender patrimonio con las famosas palancas, lo más lógico ha de ser apostar por Balde. Como en su día, por desgracia no se hizo con Marc Cucurella, al que ahora el Brighton pide por su traspaso sesenta y cinco millones al Manchester City, sin que el Barça vaya oler alguno. Como tampoco se tuvo en cuenta con el andaluz Juan Miranda, flamante campeón europeo Sub-19, al que Valverde sentenció en una desafortunada noche copera en el campo del Levante.

Para cubrir las espaldas a Alba, el reemplazo ha de salir del exigente proceso de formación de La Masia, que como mínimo se ha de esperar que pueda producir laterales de garantía. Y lo que se dice de la banda izquierda, también debería de valer para la derecha. De lo contrario de bien poco valen todos los esfuerzos dedicados en el futbol de formación.

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