Café con sal

En plena borrachera (2-0), el Shakhtar endilgó al Madrid, ebrio de fútbol y fantasía, un café con sal (2-1). Había que defender y los de arriba se hicieron los remolones, también eco de una máxima de Tamara Falcó, la del metaverso y cía: “¿Correr yo? ¡Antes, que me coja el asesino!”. Fue un lapsus. La tragedia, en Sevilla. Nada más terminar la temporada, a Julen Lopetegui le dijo el club que le iba a desmontar el equipo: “Si tienes alguna oferta…”. Si la hubo no le convenció y aceptó el reto de competir sin Koundé, Diego Carlos y Ocampos. Lo que no puede ser, además es imposible.

A Carlo Ancelotti le anticiparon el fichaje de Mbappé, porque estaba “hecho”. Pudo más la “grandeur” francesa que la historia madridista… y una pila de millones. La joya de la República sigue en París. Pero el Madrid ni perdió carácter ni aflojó en el camino de las victorias, a pesar de la baja temporal de Benzema. Así se escribe el guion del fútbol, entre almodovariano y tarantinesco. Con aquellas trazas, Lopetegui estaba condenado -ni siquiera fue necesaria la puntilla del Dortmund- mientras Carletto continúa saboreando triunfos bajo palio. Y mascando mucho chicle.

De las nueve últimas Champions el Madrid ha ganado cinco, y antes, nueve. En el trayecto se ha deshecho de equipitos y de equipazos. ¿Suerte? Para el que la trabaja, que dice Benito Floro. No mira camisetas ni nombres, sean once ucranianos, como el Shakthar, que juega en Varsovia porque su país lo han invadido los rusos, o una selección de internacionales. Y no es cuestión de detalles sino de hechos, aunque a veces sean tozudos y un partido de goleada termine 2-1, después de una treintena de disparos.

P. D. Julen, descansa y cuida de tu padre, ahora que puedes.

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