Marchando una de centrales

Primero fue el comunicado despechado de Sergio Ramos y de inmediato el enésimo desvanecimiento de Antonio Rudiger, que ni estaba muerto ni tomando cañas, que estaba simulando. A finales de los años 40 del siglo pasado, la escritora Borita Casas inventó el personaje de Antoñita la Fantástica, una niña extravagante que rozaba la locura con sus fantasías; pero sin malicia. Soñaba con un mundo a su medida, como imagina Rudiger al árbitro eliminando rivales después de cada uno de sus teatrales desmayos, de ahí el mote recién adquirido de “Antoñita la Fantástica”. Ha interpretado la obra con Savic, con Parejo y con Correa, aunque no siempre le ha recompensado el Gil Manzano de turno.

En cuanto a Sergio… Se ha pasado de frenada. Sobrado de orgullo y de soberbia se ha creído mejor que los centrales que maneja Luis de la Fuente, aunque en algún caso le acompañe la razón. Su rabioso comunicado es de tarjeta roja. Ama tanto a la selección que desprecia a quienes no le bailan el agua. Se postuló para ser olímpico en Tokio, situándose por encima de quienes labraron la clasificación del equipo de… Luis de la Fuente. Hubo campañita, o sea presiones al entrenador. De la Fuente toreó y lo ignoró. A Luis Enrique le convenció Ramos para que le alineara en el amistoso contra Kosovo y establecer así un récord de internacionalidades. Estaba lesionado y Lucho nunca se lo perdonó porque el ridículo lo hicieron ambos. Ahora embiste contra De la Fuente, que tuvo el detalle de telefonearle para decirle que no entra en sus planes. Ni el seleccionador merece esta coz, ni la leyenda del camero semejante chafarrinón, ni la selección conflictos gratuitos, ni LaLiga otra edición de Antoñita la Fantástica. Al fútbol lo que es del fútbol, por ejemplo, un Madrid-Barça.

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